Whitney

Can I be me

El talento, esa habilidad que tenemos para desempeñar ciertas actividades, a veces está en un nivel más elevado y es un don. Whitney Houston tenía el don de la voz. Alcanzaba notas indescriptibles y era capaz de hacerte vibrar con su música pop con el R&B o con el gospel.

Era una mujer que aparentemente lo tenía todo y sin embargo, en el fondo, era una niña triste e insegura que lo único que buscaba era amar y ser amada.

Este documental de Netflix -que es absolutamente recomendable- revela a una Whitney Houston distinta a la que uno recuerda, porque la figura pública y el ser humano no tienen mucho en común.

Descubrir a esta mujer, con ese don, con esa enorme capacidad vocal y responsable de los suyos en términos económicos, nos hace pensar en todas las estrellas que han enfrentado lo mismo… llegando a olvidarse de lo que en primera instancia los llevó a los escenarios: su talento. Ese amor por lo que hacemos, esa pasión y esa dedicación es lo que tarde o temprano nos coloca en el lugar que deseamos, ya sea el Spotlight o una mejor posición en nuestros empleos. Y creo que lo importante es recordar o tener muy presente, que somos un vehículo para cosas más grandes. Somos una pieza del engranaje y necesitamos cuidarnos bien, amarnos por sobre todas las cosas y rodearnos de personas que nos amen desinteresadamente, porque ellos serán nuestro apoyo en momentos de crisis.

El talento per se, no funciona sin dirección, sin saber a dónde queremos llegar y Whitney Houston es -desafortunadamente- una prueba de ello. Perdió la vida a los 46 años y dejó un gran vacío en la música.