Ten confianza, no paciencia.

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Cuando uno de mis Maestros me habló de la importancia y el valor de la confianza, lo traduje -equivocadamente- en paciencia y así se lo expresé:

-Entonces, debo ser paciente y esperar.

-No. Estamos hablando de cosas distintas. Si te pidiera paciencia, te estaría hablando de que te contengas, te estaría pidiendo que todo eso que quieres o deseas hacer lo pongas en pausa «hasta que suceda» cuando quiera que esto ocurra y esa sensación de espera y de contención, lo único que harían sería desalinearte e irritarte. Yo te hablo de tener confianza, de saber y sentir que todo está bien, que todo lo que haces te lleva al punto que deseas llegar y que se va a dar. Tener confianza significa sentirte segura y tranquila de que cada paso es firme y te lleva a lograr eso que deseas. Confiar es CREER.

Admito que me tomó algún tiempo asimilar la lección. Después de todo, estamos en una cultura donde desde pequeños nos enseñan «a ser pacientes» más que a tener confianza.

Así que durante algunos días, hice este ejercicio:

Cada vez que planeaba algo, solicitaba algo a alguno de mis equipos o a alguna institución, cada vez que «necesitaba» que algo se diera, sucediera o me lo confirmaran, en lugar de decirme: «Sé paciente» recordaba la lección de mi maestro y me decía «Confía.»

Para mi muy agradable sorpresa, ¡la sensación efectivamente es distinta! Y desarrollar la confianza en que todo sale bien, se ha convertido desde entonces en mi pasatiempo favorito.

Confío en mis equipos de trabajo, en que hacen lo que pueden con el conocimiento que tienen y confío en que si me necesitan, me lo harán saber.

Confío en que mis solicitudes personales o profesionales me son concedidas en el momento adecuado y por los canales perfectos.

Confío en que encuentro el camino o la forma de llegar a donde quiero y que todo lo que deseo o necesito llega a mí de una u otra manera.

Confío, simple y sencillamente ¡confío! Y eso me ha dado una libertad de elección y de acción completamente refrescantes.

Y eso es exactamente lo que ahora comparto / le enseño a mis equipos de trabajo: A confiar.

La paciencia -para mí- ha dejado de ser relevante. Porque al confiar en que todo se dará, el tic tac del reloj y la necesidad de saber cuándo sucederá desaparece, se diluye por completo. Solo sabes que sucederá y el cómo y el cuándo no importan.

Ahora lo he comprendido perfecto Maestro: se trata de confiar, no de tener paciencia.

¿Y tú? ¿Confías o eres paciente?

LVM / Asesora de alineación para impulsar la productividad

lia@sumoftalents.com

Encuentra tu ritmo.

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¿Alguna vez te ha pasado que te llegan más pendientes de los que puedes ejecutar en tu horario de trabajo y eso te genera mucha presión?

Bueno, las variables por las que sucede esto son muchas y muy diversas – dignas de análisis en uno de mis cursos de alineación para la productividad- pero no son tema de este post.

Así que volvamos al punto de estar abrumad@ en tu espacio de trabajo con todo lo que se va acumulando.

Respira.

Es importante que tengas clarísimo que hoy NO vas a poder hacerlo todo.

Entre más pronto lo asumas, más fácil será continuar avanzando para resolver.

Te diría que establezcas prioridades con tu jefe, pero la mayoría de los jefes suelen responder similar: ¡Todo es prioridad!

Así que si todo es igual de importante (nunca lo es, en serio) entonces apliquemos la herramienta del criterio. TU CRITERIO.

Y es aquí donde paso a paso, encuentras tu ritmo:

Revisa los pendientes. Ya que todos tienen el mismo nivel de importancia, entonces puedes separarlos por extensión o nivel de complejidad.

Hay quienes prefieren empezar «por lo más pesado» para que al final de su horario de trabajo, puedan estar más tranquilos, resolviendo lo más sencillo.

Y hay quienes a la inversa, prefieren empezar «por lo más fácil» para ir terminando cosas, sentirse motivados porque van avanzando y dejar lo más difícil para el final.

Las variantes de cómo hacerlo son muchas, pero estas son las dos más comunes.

Las dos funcionan y las dos son correctas siempre y cuando sean útiles para ti. Porque esto se trata de tu tiempo, de tu ritmo, de tu desempeño y de tu satisfacción personal y profesional, porque eso es directamente proporcional a tu nivel de productividad.

Encontrar tu ritmo tiene que ver con conocerte a ti mismo, saber qué es lo que prefieres:

¿Hacer varias tareas pequeñas toda la mañana y después de comer dedicarte a lo más pesado? Es válido. Quizá tu bioritmo sea vespertino y estás más alerta después de comer y tomarte un café.

¿O quizá prefieres dedicarle toda tu energía a las tareas más complicadas en la mañana que estás más fresc@ y después de comer ir sacando poco a poco lo más sencillo porque ya estás cansad@? También se vale. Solo tú te conoces lo suficiente como para saber en qué momento del día eres mejor para ciertas tareas.

Lo importante es que seas tú quien marque el ritmo de tu trabajo, ¡Que encuentres tu ritmo! Y parte de ello significa estar consciente que tienes un horario de trabajo y te ciñas a él y eso incluye tu tiempo de comida.

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Salvo los médicos, los bomberos, rescatistas, cirujanos, policías o cualquier profesión relacionada con la vida y la seguridad de las personas, en realidad, los demás hacemos un trabajo importante, pero no es de vida o muerte. Así que créeme, es más importante que comas bien a que saques esos pendientes, porque eventualmente te va a bajar el azúcar, te puedes desmayar y ni tú estarás bien y los pendientes van a seguir aumentando.

Encuentra tu ritmo. En tu trabajo y en tu vida.

LVM / Asesora de alineación para impulsar la productividad

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Ayúdate a ti mismo.

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Quizá lo que vas a leer no te guste, quizá creas que tú eres quien siempre tiene la razón y si es así, entonces no hay forma de ayudarte…

Cualquiera que sea tu ocupación o tu profesión, todos tenemos puntos de dolor similares -como le llamamos a las situaciones críticas cuando hacemos un diagnóstico en comunicación.-

Y esos puntos de dolor tienen que ver irónicamente con uno mismo.

¿Recuerdas esa vez que le dijiste a tu amiga que te ayudara a vender tus productos y que le dabas una comisión? ¿Recuerdas que te dejó muchos mensajes para que le dieras tus precios, el catálogo o te pusieras en contacto con su grupo de lectura y no tuviste tiempo porque estabas muy ocupad@? Bueno, pues ahí no solamente la perdiste a ella como comisionista, también perdiste a vari@s clientes potenciales y de paso, casi nada, tu credibilidad.

¿Y esa vez que dijiste que estabas buscando trabajo y tu amig@ te pidió tu CV actualizado o que llamaras a su tío pero no tuviste tiempo?

¿Y qué tal cuando te pasaron una lista de contactos para que les enviaras un mail con tu presentación pero tuviste mil cosas en la cabeza y se te pasó? Misma historia.

Cada vez que uno de mis clientes me dice que la gente no presta atención a sus solicitudes, me aseguro de revisar cómo funciona la comunicación en ambos sentidos, particularmente de él hacia afuera. Porque es ahí, donde nos atascamos.

Cuando mi abuelita me decía «El diablo está en los detalles» no me quedaba claro, hasta que empecé a ver en la universidad, el campo profesional como un todo. Es muy sencillo:

Contesta los correos que requieren respuesta y/o por lo menos indica que lo recibiste y lo leerás después con detenimiento.

Llama al contacto que te pasaron para que te conozca y vendas tus productos.

Envía tu CV actualizado a la amiga a la que le dijiste que buscas trabajo.

Devuelve la llamada perdida que acabas de ver.

Contesta tus mensajes y no dejes a las personas en visto.

Conéctate a la hora que dijiste que lo harías.

Entrega el reporte en el día y a la hora en las que te comprometiste.

TODOS. Absolutamente todos estamos ocupados. ¡Siempre tenemos algo que hacer! Pero cuando respondes, cuando cumples con lo que dijiste que harías, generas algo que es fuerte como el titanio: credibilidad.

Y créeme, eso no se compra con nada. No hay forma. Se gana paso a paso porque se desarrolla con el tiempo.

Ayúdate a ti mismo. Cumple con tu palabra en el contexto que sea. Demuestra las cosas con hechos y deja de decir miles de veces que lo harás, solo cumple, ¡solo hazlo! y te aseguro, que la percepción de los demás sobre tu desempeño profesional irá cambiando para bien.

Sí, «El diablo está en los detalles» Así que ocúpate de hacer bien tu trabajo, de poner atención en lo que te parece poco relevante y encontrarás que en ese pequeño detalle, es donde muchas veces radica la diferencia.

LVM / Asesora de alineación para impulsar la productividad

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La forma en la que hablas de tu negocio o de tu trabajo, genera un impacto MUY importante en los demás.

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Hace poco estaba conversando con un cliente sobre un nuevo negocio que uno de sus sobrinos quiere empezar y me llamó la atención la forma en la que me contaba la historia:

«Va a ser algo pequeño, cero ostentoso, la verdad es más para apoyo del ingreso familiar y esperemos que le eche ganas, así que vamos a empezar con poquito y vemos cómo se van dando las cosas»

¡Qué distinto hubiera sido si me lo cuenta de otra forma! Por ejemplo:

«Mi sobrino va a empezar su propio negocio y tiene ganas de comerse el mundo, de hacer la diferencia con este nuevo producto y de llegar a muchos hogares. Quiere crecer y generar empleos, yo creo que le va a ir muy bien y todos lo estamos apoyando como podemos»

¿Te das cuenta de la diferencia de vibra y de impacto que genera cada discurso?

Por eso es importante que VEAS a tu negocio o a tu trabajo con «ojos de amor» -como decía mi abuelita- porque lo verbalizas así, con amor, con emoción, ¡con decisión! Y eso es exactamente lo que le transmites a las personas.

Es mucho más atractivo que me digas que estás empezando un nuevo negocio porque quieres crecer o diversificarte, a que me digas que estás probando a ver si este sí jala.

Dale a tu audiencia, a tus clientes y sobre todo, date a ti mism@ ese feeling, esa vibra y esa emoción de lo que quieres, de lo que ves con este negocio o este nuevo trabajo que nadie más ve, pero que de escucharte o de leerte, se contagia de tu emoción por este nuevo camino.

Y si no estás empezando y llevas ya un rato en el mercado, ¡platícalo igual! Nadie mejor que tú sabe por todo lo que has pasado, todo lo que has logrado y todo lo que quieres hacer.

De eso de trata la vida, de energía, de impulso, de hablar de lo que queremos sin perder de vista los pasos que vamos dando.

Entonces, ¿Cómo dices que me vas a contar a qué te dedicas?

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¿Estás consciente de cuál es tu mantra?

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Para entrar en contexto, empecemos diciendo que mantra es un término que puede traducirse como «pensamiento»

Y está conformada por 2 expresiones “mantra” que significa “mente” y “tra” que expresa “liberación”.

Sin embargo, para efectos prácticos de este post, en este caso, no me refiero a una cuestión espiritual o religiosa. Me refiero a lo que te dices constantemente una y otra y otra y otra y otra vez a lo largo del día, de las semanas, los meses y los años.

Normalmente las personas no ponen atención a la forma en la que se hablan, así que pasan por alto esa frase «clave» que es una constante en su conversación consigo mismos y que genera un ENORME impacto mental, emocional y espiritual.

La primera vez que me hice consciente de ello fue cuando trabajaba en el área de producción y tenía una compañera que cada vez que olvidaba algo o se atrasaba en algo, se decía a sí misma «Ash! Soy una tonta!» Pero iba más allá, incluso cuando quería expresar gusto por haber logrado algo extra, se decía: «Eso tonta!»

Ella no lo sabía, pero ese era (espero que ya no sea así) su mantra y no era de sorprender, que se lo creyera, que se equivocara constantemente y que incluso el mundo que la rodeaba le «recordara» lo que ella decía y creía de sí misma.

Así que lo importante es identificar cuál es esa frase que te dices constantemente. Si es positiva, ¡felicidades! Sigue así.

Pero si tu mantra es como el de la chava que acabo de referirte, entonces es buen momento de modificarlo ¿no crees?

Piensa, recuerda o localiza una frase que funcione bien para ti, que te haga «click,» que te resulte creíble y aceptable en este momento. Ya llegarás a otro mantra cuando hayas absorbido y generado toda la fuerza de este, con el que estás empezando a trabajar.

¿Cuáles pueden ser algunas ideas de mantras que puedes probar para ver si te sientes cómod@ con ellos?

  • Yo puedo
  • Sí puedo
  • Es fácil
  • Todo va a salir bien
  • Tranquil@ todo sale bien
  • Soy más capaz de lo que imagino

En términos de productividad, siempre le recomiendo a mis clientes y a los equipos de trabajo con los que colaboro, que se hablen de forma positiva, porque permite que su energía fluya y que se enfoquen en lo que están haciendo bien.

Esto les da más confianza en sí mism@s con el transcurso de los días y sea cual sea la metodología con la que los esté alineando o los proyectos que estemos desarrollando, su rendimiento -y en consecuencia los resultados- son más positivos. Comprobado.

Esto se traduce en mayor productividad, entendiendo como tal, horas de trabajo mejor aprovechadas, objetivos alcanzados, tiempos adecuados para comer y descansar y un descenso importante en el porcentaje de retrabajo o rechazo de materiales por parte de cliente o de sus jefes.

¿Lo más importante? Se sienten bien consigo mism@s y sus alcances a nivel personal y profesional son ilimitados.

LVM / Asesora de alineación para impulsar la productividad

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El primer paso es saber lo que quieres.

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Estamos en la primera semana del 2022, llenos de planes, de ideas, algunos, replanteándose lo que harán en su siguiente paso y sin embargo, llenos de esperanza por lo que viene.

Sin importar lo que haya pasado el día de ayer «o el año pasado» el momento es ahora. Es hoy, este instante en el que estás, definiendo lo que quieres hacer con tu vida personal o laboral, con los planes que tienes y con los cambios que estás enfrentando.

Y algo que escucho constantemente en las asesorías, es:

«No sé exactamente qué es lo que quiero.»

Y de eso se trata este post, de ayudarte a saber qué es lo que quieres.

Para algunos, el objetivo es claro desde el inicio. Nos resulta fácil identificarlo porque resalta entre cientos de ideas y si bien en ese momento no sabemos con precisión cómo lo vamos a lograr, no es relevante. Sabemos que todo se irá acomodando y que de una u otra forma -a veces inexplicable- el camino se irá revelando ante nosotros, para dar las vueltas a izquierda o derecha que sean necesarias y sabiendo que pase lo que pase, vamos a tomar las decisiones correctas.

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Sin embargo, para otros, a veces puede ser un poco complicado y estresante definir el objetivo y sin embargo, en mi experiencia, puede ser más sencillo, mira, tal como le digo a mis clientes: Haz una lista de todo lo que no quieres.

Una vez que tengas esa lista, todo cae en su lugar, todo es más sencillo, porque lo que no aparece en esa lista es lo que quieres o lo que se acerca más a ello. ¡Por default!

Esto tiene que ver con la perspectiva que tenemos cada uno de la vida. A veces, por cuestiones académicas, laborales o familiares, las personas se acostumbran (porque es eso, solo un hábito de pensamiento) a detectar los «NO.» Lo que no les gusta, lo que no funciona, lo que no les interesa, lo que no quieren.

En ese caso, es solo cuestión de optimizar esta forma de ver la vida. Si ya sabes lo que NO quieres, todo lo demás es lo que tiene posibilidades, lo que sí te interesa.

Y una vez que lo has definido o detectado, llega una maravillosa sensación de alivio, de paz y tranquilidad porque SABES hacia donde te diriges. Tu GPS interior empieza a funcionar y tienes un rumbo, una dirección clara.

No importa que hayan baches en el camino o que de pronto tengas desviaciones, igual sabes hacia dónde vas y entonces, cada día, forma parte de ese viaje, de la construcción de tu sueño o el desarrollo del tu proyecto. Sabes que cada día avanzas hacia el lugar al que quieres llegar y simplemente te relajas.

¿Y por qué es importante saber lo que quieres?

Porque saberlo te da claridad y la oportunidad de visualizar los pasos a seguir, de ser paciente y compasivo contigo mismo en el proceso y te ayuda a darle continuidad a ese plan personal o proyecto profesional, porque dentro de ti, sabes que Roma no se hizo en un día y que cada paso que das te acerca a lo que quieres.

LVM / Asesora de alineación para impulsar la productividad

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Dar para recibir.

Cuando estaba en la universidad -ni siquiera recuerdo en qué clase lo vimos- se me quedó muy grabada una cita que nos dieron:

Y cuando empecé a trabajar, esa cita empezó a tener sentido para mí a nivel profesional.

No se trataba de lo que «la empresa» podía hacer por mí. Se trataba de lo que YO podía hacer por la empresa. Siempre pensaba en eso y me gustaba la sensación que me producía estar ahí y ser parte de ese lugar, dando, aportando mi granito de arena para la expansión de todos.

Hoy por hoy sigue siendo parte de mi filosofía de vida, algo que le pregunto invariablemente a mis seres amados y en diversos momentos, a mis colaboradores, a mis soci@s y a mis clientes:

Y el resultado siempre ha sido interesante y satisfactorio: relaciones plenas, amistades largas, proyectos brillantes donde realmente somos un equipo y donde colaborar es una satisfacción total a nivel personal y profesional.

Incluso cuando un proyecto no se queda o cuando las cosas no resultan como esperábamos, haber pensado así, hace que todo fluya con mayor facilidad.

Creo firmemente que es importante dar para recibir, que cuando trabajas con la mentalidad de aportar, de crecer y de colaborar para el bienestar de tu cliente, colega o soci@, todo fluye positivamente y el resultado no solo se refleja en la expansión de todos los involucrados, también se refleja en tu alma y en la energía que te rodea.

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Creer en uno mismo.

El principal reto de un freelance y/o emprendedor.

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Supongo que podríamos generalizar y hablar del ser humano, pero en términos profesionales, me parece que cuando eres freelance o emprendedor, esto se recrudece un poco.

Pienso que tiene que ver con el tema «de estar solo» en el proceso y tiene sentido.

Cuando formas parte de una organización, si bien no estás exento de tener de pronto dudas sobre tu capacidad, tu nivel de actualización o de tu desarrollo, formas parte de una empresa. No importa el tamaño, de verdad, porque alguien más es el capitán del barco.

Tú das tu 100% a favor de cuidar que lo que te corresponde se haga bien, de sumar con el resto del equipo y llevar en conjunto el barco a buen puerto con las indicaciones, los aciertos y las áreas de oportunidad del capitán.

El punto es que cuando eres freelance o emprendedor, si bien formas de varios equipos que están alineados con el cliente, la marca, el negocio o el producto que vendes, la sensación es distinta.

No tienes «a quién consultar dentro del equipo» en decisiones tan generales como armar una cotización o hacer una proyección de costos para la operación de lo que quieres emprender.

Son tú y tu alma revisando información, haciendo números, organizando presentaciones y a veces, si te has tropezado, tienes dudas y te da miedo «equivocarte» porque sí o sí estás comprometido a que salga bien.

Es como caminar sin red de seguridad de un edificio a otro: ¡Emocionante cada vez que lo haces! Apasionante, con una libertad maravillosa de acción y de toma de decisiones. Y es precisamente todo esto, lo que vale la pena recordar cuando te asaltan las dudas.

Creer en uno mismo en cualquier momento de la vida, significa recordar TODO lo que has hecho bien en el transcurso del camino.

Ver que has llegado lejos y que hay mucho camino por andar.

Recordar que todos los días se aprende algo, se descubre algo y que los aliados son importantes para tu crecimiento profesional y a veces, cuando se convierten en amigos o socios, también impactan positivamente tu vida personal.

Creer aun uno mismo es detenerte a pensar por qué haces lo que haces y la respuesta generalmente es: ¡Porque me gusta! y esa sensación de satisfacción no se compara con nada.

Creer en uno mismo, es recordar que si no conseguiste a ese cliente, ya vendrá otro. Que si no te han pagado el proyecto completo, te lo van a pagar. Que siempre puedes hacer nuevas propuestas y que las relaciones públicas son vitales.

Creer en uno mismo es tener presente que tú eres el rostro de tu empresa, porque TÚ ERES TU EMPRESA. Así que puedes pulir los detalles que quieras en los procesos, probar nuevos nichos de mercado, contactar clientes anteriores y reinventarte las veces que sea necesario.

Creer en uno mismo es mirarse al espejo y vernos con bondad, con orgullo y satisfacción, porque somos parte de un engranaje maravilloso en cualquiera que sea la industria en la que nos movemos y ver siempre lo positivo que tenemos. No matter what.

LVM / Asesora de alineación para impulsar la productividad

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