Cree en ti.

Pase lo que pase.

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Los cambios son la base de la evolución.

Para algun@s es más fácil que para otr@s, de acuerdo. Sin embargo, un cambio representa muchas cosas en nuestra vida y dependiendo del momento en el que nos encontremos, de la situación económica o emocional entre otras, algunas veces, no se percibe como «cambio» sino como «un derrumbe» que puede ser abrumador y paralizante.

Ya sea que hayas tenido que pasar por un proceso de liquidación en la empresa, que te hayas visto obligado a renunciar por temas personales, que el cambio de trabajo que creías un gran acierto no sea como lo esperabas o que el ritmo de ventas y clientes haya bajado… Es un cambio y hay que verlo como eso, como algo temporal porque así es y porque tu salud mental te lo va a agradecer.

Y en ese momento de transición, donde buscamos respuestas desesperadamente, donde quizá las cuentas se acumulan y los préstamos de amigos y familia se agotan, donde el envío de CV’s es literalmente una cascada de correos o se recorren las calles incansablemente buscando trabajo… Es entonces donde pase lo que pase tienes que CREER EN TI.

Cree en lo que sabes hacer, en tu experiencia, en la calidad de tus productos o servicios. Cree en tu fortaleza, en tu creatividad, en tu espíritu inquebrantable. Cree en que estás haciendo lo mejor que puedes con los elementos que tienes. Cree en que las puertas correctas se abrirán y que todo va a pasar.

Cree en ti. Pase lo que pase. Porque esta la prueba más grande a la que te estás enfrentando: A ti mismo.

Y cuando todo parece muy oscuro o complicado, dejar de creer en uno mismo es lo primero que sucede. Nos preguntamos qué hicimos mal, qué estamos haciendo mal, por qué no lo logramos, etc y en ese proceso, lo único que logramos es hacernos daño a nosotros mismos, lastimamos nuestra autoestima y con el correr de los días, vamos minando la confianza que nos tenemos y nos vamos debilitando.

Creer en nosotros mismos cuando se dan los cambios -por bruscos que sean- es el verdadero reto. Logrando eso, podemos lograr lo que sea.

Solo recuerda las veces que te has sentido segur@ y confiad@, las veces que pasaste todos los filtros para conquistar el puesto que querías o cuando te aceptaron el proyecto en el que tanto habías trabajado.

Piensa en eso, en lo que has hecho bien tantas y tantas veces y mírate en el espejo con orgullo y confianza en ti mism@. Ese es el principio de todo.

Y como dicen los mayores con su infinita sabiduría:

«Esto también va a pasar, tómalo con calma»

Recuerda esto: Tú eres el activo más importante con el que cuentas para lograr todos tus objetivos y creer en ti, forma parte importante de tu nivel de productividad.

LVM / Asesora de alineación para impulsar la productividad.

¿Estás consciente de cuál es tu mantra?

Imagen: Pixabay

Para entrar en contexto, empecemos diciendo que mantra es un término que puede traducirse como «pensamiento»

Y está conformada por 2 expresiones “mantra” que significa “mente” y “tra” que expresa “liberación”.

Sin embargo, para efectos prácticos de este post, en este caso, no me refiero a una cuestión espiritual o religiosa. Me refiero a lo que te dices constantemente una y otra y otra y otra y otra vez a lo largo del día, de las semanas, los meses y los años.

Normalmente las personas no ponen atención a la forma en la que se hablan, así que pasan por alto esa frase «clave» que es una constante en su conversación consigo mismos y que genera un ENORME impacto mental, emocional y espiritual.

La primera vez que me hice consciente de ello fue cuando trabajaba en el área de producción y tenía una compañera que cada vez que olvidaba algo o se atrasaba en algo, se decía a sí misma «Ash! Soy una tonta!» Pero iba más allá, incluso cuando quería expresar gusto por haber logrado algo extra, se decía: «Eso tonta!»

Ella no lo sabía, pero ese era (espero que ya no sea así) su mantra y no era de sorprender, que se lo creyera, que se equivocara constantemente y que incluso el mundo que la rodeaba le «recordara» lo que ella decía y creía de sí misma.

Así que lo importante es identificar cuál es esa frase que te dices constantemente. Si es positiva, ¡felicidades! Sigue así.

Pero si tu mantra es como el de la chava que acabo de referirte, entonces es buen momento de modificarlo ¿no crees?

Piensa, recuerda o localiza una frase que funcione bien para ti, que te haga «click,» que te resulte creíble y aceptable en este momento. Ya llegarás a otro mantra cuando hayas absorbido y generado toda la fuerza de este, con el que estás empezando a trabajar.

¿Cuáles pueden ser algunas ideas de mantras que puedes probar para ver si te sientes cómod@ con ellos?

  • Yo puedo
  • Sí puedo
  • Es fácil
  • Todo va a salir bien
  • Tranquil@ todo sale bien
  • Soy más capaz de lo que imagino

En términos de productividad, siempre le recomiendo a mis clientes y a los equipos de trabajo con los que colaboro, que se hablen de forma positiva, porque permite que su energía fluya y que se enfoquen en lo que están haciendo bien.

Esto les da más confianza en sí mism@s con el transcurso de los días y sea cual sea la metodología con la que los esté alineando o los proyectos que estemos desarrollando, su rendimiento -y en consecuencia los resultados- son más positivos. Comprobado.

Esto se traduce en mayor productividad, entendiendo como tal, horas de trabajo mejor aprovechadas, objetivos alcanzados, tiempos adecuados para comer y descansar y un descenso importante en el porcentaje de retrabajo o rechazo de materiales por parte de cliente o de sus jefes.

¿Lo más importante? Se sienten bien consigo mism@s y sus alcances a nivel personal y profesional son ilimitados.

LVM / Asesora de alineación para impulsar la productividad

lia@sumoftalents.com

Dar para recibir.

Cuando estaba en la universidad -ni siquiera recuerdo en qué clase lo vimos- se me quedó muy grabada una cita que nos dieron:

Y cuando empecé a trabajar, esa cita empezó a tener sentido para mí a nivel profesional.

No se trataba de lo que «la empresa» podía hacer por mí. Se trataba de lo que YO podía hacer por la empresa. Siempre pensaba en eso y me gustaba la sensación que me producía estar ahí y ser parte de ese lugar, dando, aportando mi granito de arena para la expansión de todos.

Hoy por hoy sigue siendo parte de mi filosofía de vida, algo que le pregunto invariablemente a mis seres amados y en diversos momentos, a mis colaboradores, a mis soci@s y a mis clientes:

Y el resultado siempre ha sido interesante y satisfactorio: relaciones plenas, amistades largas, proyectos brillantes donde realmente somos un equipo y donde colaborar es una satisfacción total a nivel personal y profesional.

Incluso cuando un proyecto no se queda o cuando las cosas no resultan como esperábamos, haber pensado así, hace que todo fluya con mayor facilidad.

Creo firmemente que es importante dar para recibir, que cuando trabajas con la mentalidad de aportar, de crecer y de colaborar para el bienestar de tu cliente, colega o soci@, todo fluye positivamente y el resultado no solo se refleja en la expansión de todos los involucrados, también se refleja en tu alma y en la energía que te rodea.

LVM / Asesora de alineación para impulsar la productividad

lia@sumoftalents.com

Cinco razones para dedicarte a hacer lo que te gusta.

Algunas veces, en un punto de la vida, nos preguntamos si vale la pena continuar con lo que estamos haciendo a nivel profesional o si es mejor detenernos y buscar otra cosa.

Hay quienes definen este momento del camino como un síntoma de agotamiento por llevar mucho tiempo haciendo lo mismo. Para otros, representa un llamado a hacer algo más con su vida y habemos otros que lo definimos como que es el momento en que hemos terminado un ciclo satisfactoriamente y se nos abre la puerta para reinventarnos.

Cabe mencionar que esta búsqueda de un cambio nada tiene que ver ni con edad, género, profesión o situación económico social. Es un tema emocional, una necesidad que tenemos y que algunos descubrimos y otros posiblemente no.

Así que pensando en ello, he aquí esas cinco razones para dedicarte a hacer lo que te gusta con base en mi experiencia 😉

  1. El tiempo que le dedicas es de calidad. Como es algo que te apasiona, no hay pesares ni sacrificios, disfrutas totalmente cada actividad.
  2. Te permite tener balance entre tu vida profesional y personal. Tú marcas el ritmo. Eres tu propio jefe, tú decides qué haces, cómo lo haces y cuándo lo haces. Estableces tus prioridades con mayor claridad: pareja, familia, tu proyecto, etc. Siempre tienes oportunidad de elegir y al dedicarte a hacer lo que te gusta, es mucho más fácil establecer prioridades.
  3. El retorno de inversión económico es seguro, por la pasión y la dedicación que le pones. No conozco a nadie que quiera dedicar su tiempo a un empleo, carrera, proyecto o negocio, con miras a fracasar. Así que eso es la mitad del camino, porque dedicándote a lo que te gusta, vas a buscar la forma de hacerlo bien y eso te da calidad y por ende, rentabilidad.
  4. Hay un ROI emocional que no tiene precio, porque es infinitamente más satisfactorio dedicarte a hacer lo que te gusta. Eres más creativo y siempre le ves el lado bueno a las situaciones. Enfrentas lo que se presente con buen ánimo, te enfocas en resolver y disfrutas el proceso. Los momentos difíciles son mucho más fáciles, porque te estás dedicando a lo que te gusta y nada te puede detener.
  5. Cada día tienes la oportunidad de ver tu sueño haciéndose realidad. Dejas de preguntarte que hubiera pasado si… o qué pasaría sí… porque lo ves suceder. Sabes que estás empezando o que vas a medio camino quizá y eso no es un problema, es una oportunidad. El camino se hace al andar -como dice la canción- y ves los frutos de tu sueño paso a paso.

Las ventajas de la agenda como mapa.

Cuando trabajamos en varios proyectos, cuentas o actividades como parte de nuestra responsabilidad, estar al día con los pendientes puede ser uno de los retos más grandes.

Si bien ya se han tocado aquí temas de productividad, como el establecimiento de objetivos o la asignación de bloques de tiempo para el desarrollo de nuestras actividades, es importante considerar una herramienta más: la agenda.

En términos generales, las agendas las hemos venido utilizando para las citas con clientes, juntas o reuniones importantes. Comidas, actividades con los equipos de trabajo o incluso vacaciones y tiempo fuera de la oficina.

Es decir, las hemos venido utilizando para «actividades extra» y no para la cotidianidad.

Pero ¿qué pasaría si los primeros 15 minutos de tu día los dedicaras a mapear en tu agenda lo que vas a hacer durante el día?

Tú sabes que el tiempo es muy subjetivo y lo que a primera hora del día parece una larga jornada laboral, si no establecemos tiempos específicos, se convierte en un abrir y cerrar de ojos en el que no sabemos con exactitud qué fue lo que hicimos, porque no terminamos todo lo que teníamos pendiente.

Primero asignas tu tiempo para comer y el corte de labores profesionales. Eso de entrada ya te brinda un marco de referencia de las horas reales de las que dispones para tu lista de pendientes del día.

¿Cuánto tiempo requiere ese reporte que debes entregar mañana? ¿Una hora? ¿Dos horas? Asígnalas.

Observa el resto de las horas que te quedan «libres» y decide cuánto tiempo vas a dedicarle a los proyectos, las llamadas y contestar los correos que tienes pendientes.

Sí, sé perfectamente bien que en las listas de pendientes siempre consideramos «lo que se acumule o lo que vaya surgiendo» que son los imprevistos o los bomberazos. Está bien. Dijimos que la agenda es un mapa, ¿recuerdas? Nada está escrito sobre piedra, así que podrás hacer los cambios que sean necesarios, pero al menos, sabrás con mucha mayor claridad dos cosas:

  1. Lo que te espera en términos de ejecución durante el día
  2. El tiempo que vas a dedicar a cada actividad.

Eso ya es una gran ventaja, porque te sentirás mucho más tranquil@ al establecer prioridades, sabrás tu objetivo real del día y no perderás tiempo preguntándote qué más tienes que hacer o cuándo acabarás lo que estás haciendo.

Hay un punto más: flexibilidad. Recuerda que mapear tu día es eso, una guía y que si surgen muchos bomberazos (ya hablaremos de eso en otro post) siempre puedes volver a mapear el tiempo que vas a dedicar a cada uno para que tengas un marco de referencia en términos de productividad.

Inténtalo. Mapea tu día durante dos semanas y cuéntanos qué tal te va 😉

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