Lo que nadie te dice sobre ser freelance.

Prospección de clientes.

Me encantaría decir que los clientes “caen del cielo” o que las recomendaciones de los amigos para que te ocupes de un cliente nuevo son cosa de todos los días.

Sería genial asegurarte que los prospectos que te interesan se van a  pelear por una cita contigo porque eres lo más talentoso que hay en la industria en la que te desenvuelves…

Digamos que lo que acabas de leer no son situaciones cotidianas. Sí suceden, por supuesto. Un amigo te pone en contacto con alguien y haces un proyecto para esa persona. Alguien de su círculo ve tu trabajo, le pide tus datos a ese cliente y entonces te busca para que desarrolles algo para él también. La cadena se va formando, por supuesto, sobre todo cuando eres bueno en lo que haces, cobras precios dentro de los estándares de tu mercado y eres cumplido. Es natural que la rueda gire a tu favor.

Pero no es una historia de todos los días. Conozco personas que son súper afortunadas y que en un abrir y cerrar de ojos tuvieron montadas sus oficinas con una cartera de clientes interesante y empezaron a trabajar de la manera más tranquila del mundo, pero ese es un 0.05% de un 100% de mis conocidos. Todos nos hemos tenido que esforzar mucho más por hacer contactos, buscar a nuestros clientes y empezar a demostrar de lo que somos capaces.

La prospección es algo que no aprendes en la universidad, lo vas haciendo sobre la marcha y no siempre fluye como quisieras, por eso tengo algunas recomendaciones que por las características de mi industria me han funcionado a mí, pero también tiene que ver con tu personalidad.

Prospectar es lo más sencillo del mundo si sabes hacia dónde te diriges. De otra forma me imagino que debe ser una pesadilla.

Primero piensa en el tipo de servicio / producto que ofreces. Necesitas tenerlo muy claro, porque tu segundo paso es el grupo objetivo al que vas a dirigirte.

Sí, también puedes empezar por buscar un nicho y crear algo ad-hoc para ellos, pero para llegar a ese punto necesitas un poco de experiencia, por eso yo lo recomendaría como algo posterior.

Una vez que sabes a quién le interesa lo que tú sabes hacer, necesitas una lista. Exacto. Suena antidiluviano, pero es real: Haz una lista de nombres de empresas, direcciones, mails, teléfonos y nombres de contactos. Busca el dato de la persona que puede tomar la decisión de contratar tu servicio (o comprar tu producto) o en su defecto, de la persona que sea el filtro de quien toma la decisión final.

Cuando tengas la lista de prospectos, prepara lo que les vas a enviar o a llevar. Puede ser una presentación, una carta propuesta, el link de tu sitio, un brochure… todo depende de qué es lo que haces.

Ahora viene lo mejor: llama, escribe, manda mails, envía cartas, haz lo que te dicte tu creatividad para que tu información llegue a las manos de la persona que te interesa. Da seguimiento a las llamadas, a los mails, ve a las citas que te indiquen… Compórtate como lo que eres: un profesional de tu área de expertise.

Ser freelance te hace responsable de absolutamente todo: la prospección, el seguimiento, brindar el servicio, nuevamente el seguimiento y mantener el contacto.

Habrá ocasiones en las que no rindan frutos tus esfuerzos y tendrás que recurrir a la automotivación. Sin embargo, te aseguro que esa semilla que estás sembrando va a germinar y necesitará que la cuides para que se convierta en un árbol grande y fuerte, es decir, en un cliente que te sea leal y que le diga a todo el mundo lo satisfecho que está con tu trabajo.

Sí, eso lleva tiempo, pero te lo aseguro: es maravilloso ver cómo se cristalizan tus sueños y tus esfuerzos.

Ánimo. Todo es cuestión de perseverancia y paciencia.

Imagen: Google

prospección de clientes
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Lo que nadie te dice sobre ser freelance.

Automotivación.

Esta es una de las partes más difíciles… porque nadie nos enseña a automotivarnos.

Necesitas estar muy consciente que TODO depende de ti y que es necesario que reconozcas siempre lo que hiciste bien durante el día, para que en el momento de evaluar lo que es mejorable, no te sientas mal.

Ese es un punto importante: la forma en la que te hablas y lo que te dices. Observa la forma en la que lo haces.

No es lo mismo decirte al final de un día muy muy pesado, de esos que de verdad tenemos a puños los freelancers:

“Bueno, los logros del día es que se pagaron todos los servicios, se presentó la contabilidad y quedó un mini extra para mí”

A decirte:

“¡Vaya! ¡Por lo menos pagué lo mínimo indispensable! ¡Sería el colmo que ni para eso me alcanzara! Y lo que quedó no sirve ni para chicles caray…”

No me malinterpretes, no se trata de reconocer TODO lo que pasa y darte palmaditas en la espalda a cada paso, pero para lo mejorable, el diálogo puede ser positivo también:

“¿Qué puedo mejorar para la próxima vez que un cliente me ponga tantas trabas con la cotización? ¿La forma de presentarla? ¿Los rubros que utilicé? Piensa… recuerda toda la junta, en qué preciso momento fue que se cayó el negocio…”

Y entonces haces un análisis objetivo de lo que pasó y de lo que puedes mejorar. No ocupas el tiempo en insultarte y descalificarte.

Eres tu mejor amigo, eres tu socio, el único que libra las batallas más amargas en medio de la noche, cuando no sabes si lo mejor es tirar la toalla y regresar corriendo a buscar una empresa que te cobije y haga todo por ti. Por lo menos que ese co equipero mental que tienes, que sea útil y positivo. Para agresiones está el mundo exterior, la competitividad, el exceso de oferta y la astucia -algo indispensable- para destacarte entre los demás.

Automotivarse también significa saber cuándo parar. En qué momento es abrumadora la presión de la búsqueda de clientes y el análisis del mínimo de proyectos ejecutados. Es en ese momento, después de semanas y semanas de arduo trabajo, de tocar puertas y de buscar nuevos proyectos que te puede hacer bien parar un momento.

Pero dije un mo-men-to. Un par de horas para ir al cine o a dar la vuelta al museo. Tomarte un café con algún amigo o vagar por el zócalo. UN PAR DE HORAS. No todo el día. Es una pausa, no un día de fiesta. Lo que estarás haciendo es recargar baterías, no tomarte el día.

Y ojo, esto es importante que lo hagas después de semanas y semanas de esfuerzo. No una vez a la semana porque no sabes hacia dónde vas y necesitas distraerte de la presión de no saber qué hacer.

La única forma que yo conozco de encontrar trabajo/proyectos es trabajando. Seguramente hay muchas otras que yo ignoro y la idea de posibilidades infinitas para lograrlo me encanta. Simplemente que yo encuentro proyectos trabajando. Nunca me ha caído uno del cielo en medio de un día de relax a mitad de semana.

Así que mi motor es la automotivación. Recordarme lo que sé hacer en los momentos más oscuros. Hacer una lista de lo que hice bien en el día y fijar objetivos claros para el día siguiente. Cosas que pueda lograr para no caer en una espiral de depresión y que además me permitan sentir que estoy dando pasos al frente y no hacia atrás.

Cosas tan simples como hacer llamadas de seguimiento, enviar dos o tres presentaciones y hacer una nueva lista de prospectos es muy motivacional. Abre el panorama y permite que se te ocurran nuevas ideas. De pronto los puntos conectan, un posible cliente te lleva a recordar a alguien que conoces de la prepa y que tiene un negocio… y se va resolviendo.

Da un paso a la vez.

Ser freelance es increíble por la libertad de tiempo que tienes, pero el esfuerzo que exige es un precio que no muchos están dispuestos a pagar. Lo importante es que si a ti te gusta la posibilidad, tienes recorrida la cuarta parte del camino.

Imagen: Pinterest

 

Lo que nadie te dice…

Sobre ser freelance.

La vida laboral tiene altas y bajas. Ya sea que formes parte de una empresa y te toque salir en el recorte de personal,  que seas parte de la industria creativa y la cuenta a la que perteneces cambie de agencia o que de plano tires la toalla porque eso “no es lo tuyo” el resultado es el mismo: te quedas sin trabajo.

La reacción de algun@s es empezar inmediatamente a buscar algo nuevo en otra empresa. Otr@s, se toman un tiempo para encontrarse a sí mism@s y decidir qué van a hacer con su vida y un@s más se plantean la posibilidad de trabajar por su cuenta.

Yo formo parte del tercer tipo de personas.

Me encantaría decir que es un proceso fácil, literalmente miel sobre hojuelas. La verdad es que no. Y pensando en tod@s aquellos que por una u otra razón están comenzando en el mundo del freelanceo, nace este primer post de la serie que tengo prevista.

Comencemos -como en tantas cosas en la vida- por lo general hasta que lleguemos a lo particular.

DISCIPLINA

Una de las características principales que se necesitan para ser freelance es DISCIPLINA. Así, en altas y en bold.

Sin disciplina es IMPOSIBLE avanzar en un mercado donde hay muchísima oferta y la diferencia de costos es abrumadora para quien ofrece sus servicios y para quien los requiere. Pero de esto hablaremos después.

Cuando hablo de disciplina me refiero a levantarte temprano, “como si fueras a la oficina” y ponerte a trabajar. Nada de ver Netflix un rato en lo que se te ocurre por dónde empezar.

Haz una lista de los pendientes de tu día y si es tu primer día como freelance, me parece que tu lista puede incluir: decidir qué tipo de servicios vas a ofrecer.

Ser freelance es un trabajo de tiempo completo. Requiere mandar correos ofreciendo tus servicios, dar seguimiento a los correos que ya enviaste, hacer llamadas a tus amigos y/o conocidos para saber en qué están y pensar cómo te puedes insertar en sus proyectos con lo que tú sabes hacer, desarrollar una presentación de tus servicios para hacérsela llegar a clientes potenciales y desarrollar muchas -muchísimas- propuestas para el tipo de clientes que te interesa tener. Sacos a su medida, para que te den la oportunidad de empezar a trabajar con ellos.

Disciplina también es auto motivación 24x7x365 porque no hay jefes que te digan “bien hecho”, te lo tienes que decir tú cuando lo has hecho bien para sentir que avanzaste un poco.

Es llamar a la hora que dijiste que lo harías sin pretexto y ser hiper puntual en tus entregas. Te estás jugando tu reputación, no hay empresa que te respalde ni a quien el cliente le pueda “echar la culpa”. El nombre que va a quedar por todo lo alto o en los suelos, es el tuyo.

Y disciplina es también encontrar un ritmo de trabajo que se adapte a tu personalidad. ¡Para eso eres el jefe! Si lo tuyo es la redacción y lo haces mejor en las noches, hazlo. Pero igual te vas a tener que levantar temprano a revisar correos y hacer otras cosas, si puedes con eso está perfecto. Si lo vas a usar de pretexto para quedarte en la cama, no sirve.

Ser freelance es ser independiente de un sistema externo para crear tu propio sistema. Puede ser una bendición o una maldición, eso, depende de ti.

Imagen: Google