Ten confianza, no paciencia.

Imagen: Pixabay

Cuando uno de mis Maestros me habló de la importancia y el valor de la confianza, lo traduje -equivocadamente- en paciencia y así se lo expresé:

-Entonces, debo ser paciente y esperar.

-No. Estamos hablando de cosas distintas. Si te pidiera paciencia, te estaría hablando de que te contengas, te estaría pidiendo que todo eso que quieres o deseas hacer lo pongas en pausa «hasta que suceda» cuando quiera que esto ocurra y esa sensación de espera y de contención, lo único que harían sería desalinearte e irritarte. Yo te hablo de tener confianza, de saber y sentir que todo está bien, que todo lo que haces te lleva al punto que deseas llegar y que se va a dar. Tener confianza significa sentirte segura y tranquila de que cada paso es firme y te lleva a lograr eso que deseas. Confiar es CREER.

Admito que me tomó algún tiempo asimilar la lección. Después de todo, estamos en una cultura donde desde pequeños nos enseñan «a ser pacientes» más que a tener confianza.

Así que durante algunos días, hice este ejercicio:

Cada vez que planeaba algo, solicitaba algo a alguno de mis equipos o a alguna institución, cada vez que «necesitaba» que algo se diera, sucediera o me lo confirmaran, en lugar de decirme: «Sé paciente» recordaba la lección de mi maestro y me decía «Confía.»

Para mi muy agradable sorpresa, ¡la sensación efectivamente es distinta! Y desarrollar la confianza en que todo sale bien, se ha convertido desde entonces en mi pasatiempo favorito.

Confío en mis equipos de trabajo, en que hacen lo que pueden con el conocimiento que tienen y confío en que si me necesitan, me lo harán saber.

Confío en que mis solicitudes personales o profesionales me son concedidas en el momento adecuado y por los canales perfectos.

Confío en que encuentro el camino o la forma de llegar a donde quiero y que todo lo que deseo o necesito llega a mí de una u otra manera.

Confío, simple y sencillamente ¡confío! Y eso me ha dado una libertad de elección y de acción completamente refrescantes.

Y eso es exactamente lo que ahora comparto / le enseño a mis equipos de trabajo: A confiar.

La paciencia -para mí- ha dejado de ser relevante. Porque al confiar en que todo se dará, el tic tac del reloj y la necesidad de saber cuándo sucederá desaparece, se diluye por completo. Solo sabes que sucederá y el cómo y el cuándo no importan.

Ahora lo he comprendido perfecto Maestro: se trata de confiar, no de tener paciencia.

¿Y tú? ¿Confías o eres paciente?

LVM / Asesora de alineación para impulsar la productividad

lia@sumoftalents.com

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