La importancia del ahora.

Pase lo que pase.

En medio de esta contingencia global, una de las frases que escucho últimamente y de forma constante es “Cuando todo esto termine”

Me queda claro que en parte, es uno de nuestros mecanismos de defensa, por lo sorpresiva y abrumadora que es la situación y entiendo también, que es nuestra esperanza la que habla, volando mental y emocionalmente por encima de este panorama, buscando sentir paz, vislumbrando un mañana sin el estrés que estamos viviendo.

Sin embargo, esta maravillosa capacidad que tenemos de adaptación, me parece que puede ser engañosa o poco útil, para aprender las lecciones importantes de la vida y esta pandemia es una de ellas.

Si nos “desconectamos” del hoy y lo vivimos pensando en “cuando todo esto termine”, entonces no hemos aprendido absolutamente nada. Lo único que hicimos fue cambiar de escenario, adaptarnos al nuevo y dejar de apreciar lo que tenemos.

Si miramos hacia atrás, antes de esta emergencia sanitaria y de tener que estar en casa resguardados, la dinámica mental era la misma:

“Cuando termine este proyecto, cuando ahorre lo suficiente, cuando tenga tiempo suficiente, cuando sean las vacaciones…”

Vivimos con la mente, el corazón y las emociones en el futuro, mientras nuestro cuerpo está en el presente.

Es importante valorar el hoy / ahora, porque – en el remoto caso de que no nos hayamos dado cuenta- alrededor del mundo entero hay miles de muertos que ya no lo tienen. Miles de familias que quisieran estar encerrados en sus casas con ellos, trabajando vía remota, oyendo las mismas historias y jugando los mismos juegos, pero juntos.

¿Qué es lo que necesitamos para entender que lo único que tenemos es este instante?

¿Qué más nos hace falta?

Porque -como me dijo hace unos días mi jefe y amigo a quien respeto mucho- si no aprendemos de esto, ya no aprendimos de nada.

Así que pensar en el futuro es bueno. Planificar es bueno, pero por momentos. Con la conciencia de que esos planes son frágiles mientras no estemos empezando a ejecutarlos, porque todo puede cambiar en un instante y no necesariamente para mal. La actitud positiva ante los retos, hace que podamos enfrentarlos con mayor facilidad.

Lo que tenemos es este momento, este instante. El desayuno caliente, una casa, trabajo vía remota, un celular, luz, agua, sol, aire, amor, pareja, familia, amigos, ganas de regresar a la vida offline, ganas de abrazarnos y reunirnos, ilusiones y sueños. Hoy.

El mañana es una esperanza que se construye hoy.

Reflexiones

En medio de la pandemia COVID-19.

Me resulta imposible no hacer un resumen de lo vivido hasta el momento, para tener de dónde partir.

Trato de ubicar en mi memoria el momento exacto en el que las noticias sobre este virus empezaron a fluir y no lo encuentro.

Es decir, igual que todos los seres humanos, mis recuerdos de esto, empiezan a partir del momento en que la situación -por una o por otra razón- me impacta directamente.

Eso es normal. Nuestra memoria se va anclando en las situaciones que nos resultan relevantes, aunque almacenemos en segundo plano el resto de la información.

El punto es que para mí, todo esto comienza en la semana del 9 de marzo, con warnings por parte de mi jefe en la universidad respecto a que era probable que tuviéramos que migrar a clases en línea un par de semanas antes de las vacaciones obligadas. Así que la planeación empezó a todo vapor y justo a tiempo, porque ni siquiera regresamos a salón de clases después del puente del 16 de marzo. Era obvio, dadas las circunstancias y sin embargo, uno aprende con los años que siempre tienes que estar preparado para todo.

Esos flashes de ajuste previos a la semana del 16 me motivaron a empezar paralela la planeación con el team leader de la agencia en la que soy marketing scrum master. El mismo 16 de marzo, mientras él estaba de regreso del puente por carretera, empezamos a hacer ajustes y en la noche revisamos el plan de trabajo.

Ya no salí de casa. El martes 17 mi junta con los teams de la agencia ya fue virtual y ellos fueron apenas un par de horas a la agencia por lo que necesitaban para trabajar vía remota.

Esa primera semana fue muy intensa. No paramos de trabajar un minuto!! E incluso muchos comimos rápido para volver a conectarnos. Pienso que en parte, era la novedad de la situación y la facilidad de la conexión, pero si profundizo, ahora pienso que también nos movió un poco el miedo. El cambio fue brusco, una innovación total y cada uno sabíamos que teníamos que reaccionar de acuerdo a lo que se esperaba de nosotros a nivel profesional. Evidentemente en términos personales, también nos exigimos mucho.

Sin embargo al hacer el review de nuestra primera semana haciendo home office, las recomendaciones que le hice a los teams fueron:

Disciplina. Marcar tiempos específicos para trabajar, para comer y para desconectar.

Nuestro ecosistema había cambiado ya por completo para ese momento y a partir de ello, necesitamos mantener un equilibrio físico y mental. Podernos conectar, no significa tener que hacerlo.

Así llegamos a la semana dos. Viendo nuevas noticias de salud cada día, algunas poco alentadoras y otras optimistas. El trabajo ha cambiado de escenario y sin embargo seguimos en un ritmo muy productivo.

Las lecciones que rescato de mis círculos cercanos son -supongo- muy similares al resto del mundo:

Hemos aprendido a parar cuando es necesario.

Hemos regresado a lo esencial, a lo verdaderamente importante: al amor, a la fraternidad, a la cooperación. Nada de poses, nada de superficialidades.

Hemos hecho conciencia que lo único que en verdad necesitamos es salud. El resto, se consigue paso a paso.

Le estamos dando el verdadero valor a la tecnología. Es una herramienta maravillosa que nos permite continuar de la mejor manera con nuestra cotidianidad. Pero no se compara en absoluto con el poder -y la necesidad- de un abrazo. El contacto humano es parte vital de nuestra supervivencia, aunque temporalmente debamos evitarlo.

Esta cuarentena nos ha permitido establecer prioridades. Para todos son distintas, pero igual las estamos dejando claras.

Este cambio nos ha obligado como humanidad a hacer un switch de pensamiento: quienes no habían querido actualizarse en términos tecnológicos, se han visto obligados a hacerlo, quienes estaban posponiendo dar el salto a abrirle la puerta a la educación en línea, han tenido que hacerlo, quienes habían pospuesto esa charla consigo mismos por falta de tiempo, ya se han puesto al día, quienes pensaban que todo lo digital era lo único valioso, han descubierto que la vida real es offline…

Esta pandemia es una lección enorme para todos. Cada uno tenemos muchas cosas que aprender, otras que reforzar y muchas más que poner en práctica todos los días.

En términos de salud e investigación, desconozco cuándo y cómo vaya a terminar este capítulo y sin embargo no deja de asombrarme que en pleno siglo XXI con todo lo que sabemos, nadie haya descubierto todavía una vacuna…

En términos espirituales, estoy convencida que la lección será tan extensa como sea necesario para la humanidad.

Somos muchos estudiantes en todo el planeta y mientras cada uno no haga sus propias reflexiones y descubra sus áreas de oportunidad para cambiar y mejorar, será necesario que sigamos encerrados en este salón de clases: COVID-19.