Cronos, Aión y Kairos

Los dioses griegos que hoy más que nunca, viven entre nosotros.

El tiempo moderno, ese que transcurre veloz y que nos toma por sorpresa cuando se nos ha ido la mañana haciendo tareas o cosas del trabajo, es ese al que hemos dedicado toda nuestra atención de manera absurda:

Los griegos lo llamaron Cronos y es ese tiempo lineal que nos lleva de un punto a otro de manera irreversible, segundo a segundo hasta contar años. Planteándonos sueños y objetivos a futuro, uno tras otro, a veces, mirando atrás y otras veces sin hacerlo,  porque tenemos la absoluta certeza de que no hay forma de «regresar el tiempo» y que solo nos queda continuar con el piso firme del hoy y la esperanza del mañana.

Aión ES. No nace ni muere, porque él es el dios del tiempo eterno, del tiempo divino. Es el que nos habla desde lo más profundo de nuestra alma y nos permite darle sentido a nuestro camino, a nuestras acciones, porque recorrer el camino que hemos elegido tiene sentido para nosotros y eso es más que suficiente.

Kairos es el dios joven y veleidoso, el que no exige nada, porque simplemente es la oportunidad que pasa por un segundo a nuestro lado y si no la hemos visto y no la hemos aprovechado, ese instante preciso, desaparecerá posiblemente sin volver a presentarse. Es ese pequeño momento en el que la ocasión se presenta y si la abrazamos, nos catapulta al futuro que soñamos o a un momento completamente inesperado.

Los tres son importantes, los tres juegan un papel crucial en nuestras vidas y es necesario atenderlos a todos por igual. Darle balance a nuestra vida significa no correr al ritmo que nos marca Cronos, escuchar lo que nos susurra Aión y estar siempre atentos a la presencia de Kairos.

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