Confiar en tu equipo: Priceless.

Hace un par de semanas tuve la oportunidad de escribir para el blog de uno de los proyectos de los que formo parte y me he permitido reproducirlo tal cual en este sitio.

Trabajar con varias personas en un mismo proyecto es una de las experiencias más enriquecedoras que puede haber en la vida, tanto a nivel personal, como profesional.

Significa ver -literalmente- el impulso que tiene de cada uno de los integrantes del equipo, descubrir su perspectiva, aprender de ellos de manera permanente y entrar en un mundo sin tiempo ni espacio, donde todos vemos el mismo objetivo y aportamos nuestros conocimientos y experiencia por el bien común.

Y cuando tienes la fortuna de trabajar con un equipo lleno de ideas, con ganas de hacer bien las cosas, enfocados en obtener resultados positivos, respetuosos de la opinión de los demás y con aportaciones constructivas, es una delicia.

La confianza en tu equipo es el eje transversal de las actividades cotidianas. Sabes que todos están para ti y ellos saben que tú estás para ellos. Todos queremos lo mismo: dar lo mejor y que la organización crezca con pasos firmes y sólidos.

Así es el team del IHV, del cual orgullosamente formo parte.

¿Lo más interesante de un equipo como el que describo?

Sin duda, nuestro Team Leader. Un hombre joven y visionario que sabe reconocer el talento de cada persona y que paso a paso ha conformado un grupo humano y profesional que estamos dispuestos a crecer y aprender juntos.

Las aventuras en este IHV apenas empiezan a tomar color. Vamos un paso a la vez, descubriendo que los retos son más oportunidades que obstáculos y que confiar unos en otros va mucho más allá de saber que cada uno hará su trabajo, es sentirte parte de algo que nació grande y que solo tiene una dirección: el éxito.

**Escrito originalmente por LVM para el blog del IHV

Cinco razones para dedicarte a hacer lo que te gusta.

Algunas veces, en un punto de la vida, nos preguntamos si vale la pena continuar con lo que estamos haciendo a nivel profesional o si es mejor detenernos y buscar otra cosa.

Hay quienes definen este momento del camino como un síntoma de agotamiento por llevar mucho tiempo haciendo lo mismo. Para otros, representa un llamado a hacer algo más con su vida y habemos otros que lo definimos como que es el momento en que hemos terminado un ciclo satisfactoriamente y se nos abre la puerta para reinventarnos.

Cabe mencionar que esta búsqueda de un cambio nada tiene que ver ni con edad, género, profesión o situación económico social. Es un tema emocional, una necesidad que tenemos y que algunos descubrimos y otros posiblemente no.

Así que pensando en ello, he aquí esas cinco razones para dedicarte a hacer lo que te gusta con base en mi experiencia 😉

  1. El tiempo que le dedicas es de calidad. Como es algo que te apasiona, no hay pesares ni sacrificios, disfrutas totalmente cada actividad.
  2. Te permite tener balance entre tu vida profesional y personal. Tú marcas el ritmo. Eres tu propio jefe, tú decides qué haces, cómo lo haces y cuándo lo haces. Estableces tus prioridades con mayor claridad: pareja, familia, tu proyecto, etc. Siempre tienes oportunidad de elegir y al dedicarte a hacer lo que te gusta, es mucho más fácil establecer prioridades.
  3. El retorno de inversión económico es seguro, por la pasión y la dedicación que le pones. No conozco a nadie que quiera dedicar su tiempo a un empleo, carrera, proyecto o negocio, con miras a fracasar. Así que eso es la mitad del camino, porque dedicándote a lo que te gusta, vas a buscar la forma de hacerlo bien y eso te da calidad y por ende, rentabilidad.
  4. Hay un ROI emocional que no tiene precio, porque es infinitamente más satisfactorio dedicarte a hacer lo que te gusta. Eres más creativo y siempre le ves el lado bueno a las situaciones. Enfrentas lo que se presente con buen ánimo, te enfocas en resolver y disfrutas el proceso. Los momentos difíciles son mucho más fáciles, porque te estás dedicando a lo que te gusta y nada te puede detener.
  5. Cada día tienes la oportunidad de ver tu sueño haciéndose realidad. Dejas de preguntarte que hubiera pasado si… o qué pasaría sí… porque lo ves suceder. Sabes que estás empezando o que vas a medio camino quizá y eso no es un problema, es una oportunidad. El camino se hace al andar -como dice la canción- y ves los frutos de tu sueño paso a paso.

La importancia de las alianzas.

Imagen: Pixabay

Por definición, una alianza es un pacto o unión entre personas, grupos sociales o estados para lograr un fin común.

Así que partiendo de esa base, las alianzas nos permiten fortalecer las áreas de oportunidad que tenemos, con el expertise de nuestro (s) aliado (s) y viceversa.

Es un tema de objetivos claros y juego en equipo, algo que a veces -y desafortunadamente- se pasa por alto, ya que para que una alianza funcione, es vital que sean claras las reglas del juego y los participantes.

Y para lograr esto es importante tener el número de reuniones previas que sean necesarias para tener claro el objetivo en común y las ganancias (del tipo que sean) que obtendrá cada uno de los aliados. Es trabajar en un esquema de Ganar – Ganar, porque ya no somos “varios equipos trabajando juntos,” somos un equipo con distintas facetas buscando un mismo objetivo.

El proceso de alineación puede llevar tiempo, ya que cada uno de los involucrados siempre ha jugado en su cancha y con sus reglas, pero si en las reuniones previamente mencionadas tenemos claro el objetivo y establecemos reglas del juego generales que nos permitan ir puliendo sobre la marcha la ejecución, ya es un buen principio.

Una alianza significa compartir, planificar, ceder y proponer.

Escuchar cómo trabajan los otros y encontrar puntos de convergencia, estar abiertos a hacer las cosas de forma distinta “a como las hemos hecho siempre” y descubrir en el proceso que juntos llegamos más lejos, son solo algunas de las grandes ventajas de hacer alianzas.

*Alianzas estratégicas

Las ventajas de la agenda como mapa.

Cuando trabajamos en varios proyectos, cuentas o actividades como parte de nuestra responsabilidad, estar al día con los pendientes puede ser uno de los retos más grandes.

Si bien ya se han tocado aquí temas de productividad, como el establecimiento de objetivos o la asignación de bloques de tiempo para el desarrollo de nuestras actividades, es importante considerar una herramienta más: la agenda.

En términos generales, las agendas las hemos venido utilizando para las citas con clientes, juntas o reuniones importantes. Comidas, actividades con los equipos de trabajo o incluso vacaciones y tiempo fuera de la oficina.

Es decir, las hemos venido utilizando para “actividades extra” y no para la cotidianidad.

Pero ¿qué pasaría si los primeros 15 minutos de tu día los dedicaras a mapear en tu agenda lo que vas a hacer durante el día?

Tú sabes que el tiempo es muy subjetivo y lo que a primera hora del día parece una larga jornada laboral, si no establecemos tiempos específicos, se convierte en un abrir y cerrar de ojos en el que no sabemos con exactitud qué fue lo que hicimos, porque no terminamos todo lo que teníamos pendiente.

Primero asignas tu tiempo para comer y el corte de labores profesionales. Eso de entrada ya te brinda un marco de referencia de las horas reales de las que dispones para tu lista de pendientes del día.

¿Cuánto tiempo requiere ese reporte que debes entregar mañana? ¿Una hora? ¿Dos horas? Asígnalas.

Observa el resto de las horas que te quedan “libres” y decide cuánto tiempo vas a dedicarle a los proyectos, las llamadas y contestar los correos que tienes pendientes.

Sí, sé perfectamente bien que en las listas de pendientes siempre consideramos “lo que se acumule o lo que vaya surgiendo” que son los imprevistos o los bomberazos. Está bien. Dijimos que la agenda es un mapa, ¿recuerdas? Nada está escrito sobre piedra, así que podrás hacer los cambios que sean necesarios, pero al menos, sabrás con mucha mayor claridad dos cosas:

  1. Lo que te espera en términos de ejecución durante el día
  2. El tiempo que vas a dedicar a cada actividad.

Eso ya es una gran ventaja, porque te sentirás mucho más tranquil@ al establecer prioridades, sabrás tu objetivo real del día y no perderás tiempo preguntándote qué más tienes que hacer o cuándo acabarás lo que estás haciendo.

Hay un punto más: flexibilidad. Recuerda que mapear tu día es eso, una guía y que si surgen muchos bomberazos (ya hablaremos de eso en otro post) siempre puedes volver a mapear el tiempo que vas a dedicar a cada uno para que tengas un marco de referencia en términos de productividad.

Inténtalo. Mapea tu día durante dos semanas y cuéntanos qué tal te va 😉