El secreto está en conocerte mejor a ti mism@

Lo que funciona para otros, no necesariamente funciona para ti y eso aplica a todo: ritmo de trabajo, organización de tus actividades, alimentos, ejercicio, ritmo de aprendizaje, etc.

Me parece que no hay una sola forma de hacer las cosas. No creo que haya una verdad absoluta en cómo deben hacerse las cosas y no me refiero a cuestiones espirituales, eso es otro tema.

Hablo de que cada uno de nosotros tenemos una perspectiva de las situaciones y que nuestra forma de resolver se relaciona con nuestra edad, nuestra experiencia, nuestra área de trabajo y nuestras vivencias, por citar algunos puntos.

En algún lugar leí que hay más de 101 maneras de lavar los platos y si eso aplica para una actividad tan sencilla y cotidiana, imagina la cantidad de opciones para realizar una propuesta, para hacer un logotipo, decorar una casa, etc.

Así que me parece que el secreto está en observar a los demás, escuchar la forma en la que resuelven y adoptar y adaptar lo que funciona para ti. Nadie se conoce mejor que tú.

Muchas personas funcionan bien desde las 04:00 am y sus actividades empiezan maravillosamente a esa hora. Genial. Funciona para ellos.

Sin embargo hay otros que no pueden empezar a esa hora, porque su bioritmo es otro y entonces para ellos es mucho mejor iniciar actividades a las que 10:00 pm porque son nocturnos y ese horario es perfecto para estar atentos a lo que hay que hacer en el transcurso del día. Funciona para ellos.

Analiza -y descubre- qué es lo que funciona para ti. Dedica tiempo a conocerte mejor, pon atención en lo que te mueve y en lo que rechazas de forma inmediata, pregúntate por qué piensas o sientes eso y ve encontrando respuestas útiles para ti, para ajustar tu forma de actuar o de pensar.

Conocerse a uno mismo es un camino que dura toda la vida y resulta grato y muy interesante. O bueno, puedo decir que hacerlo, funciona para mí 😉

Feliz inicio de mes de agosto 2020

Foto: Pinterest

¿Cuál es tu propósito en la vida?

Independientemente de la escolaridad, la edad, el puesto, la ocupación o a lo que te dediques… ¿Alguna vez te has preguntado cuál es tu propósito en la vida?

Creo que somos mucho más que un título, un puesto o una ocupación. Formamos parte del universo y todos -absolutamente todos- estamos aquí para aportar algo importante al mundo.

Somos parte de un sistema en el que cada pieza tiene una razón de ser y cuando descubres tu propósito, cuando después de mucho o poco tiempo -dependiendo de lo que a cad uno nos toca vivir- entiendes para qué has venido a este mundo, entonces todo tiene sentido.

Estamos viviendo momentos de cambio, lo que era familiar ha dejado de serlo y nos estamos reinventando día con día y en ese proceso por el que la humanidad atraviesa, preguntarte cuál es tu propósito en la vida quizá te ayude a encontrar el rumbo que por momentos, parece que hemos perdido con esta pandemia.

Cronos, Aión y Kairos

Los dioses griegos que hoy más que nunca, viven entre nosotros.

El tiempo moderno, ese que transcurre veloz y que nos toma por sorpresa cuando se nos ha ido la mañana haciendo tareas o cosas del trabajo, es ese al que hemos dedicado toda nuestra atención de manera absurda:

Los griegos lo llamaron Cronos y es ese tiempo lineal que nos lleva de un punto a otro de manera irreversible, segundo a segundo hasta contar años. Planteándonos sueños y objetivos a futuro, uno tras otro, a veces, mirando atrás y otras veces sin hacerlo,  porque tenemos la absoluta certeza de que no hay forma de “regresar el tiempo” y que solo nos queda continuar con el piso firme del hoy y la esperanza del mañana.

Aión ES. No nace ni muere, porque él es el dios del tiempo eterno, del tiempo divino. Es el que nos habla desde lo más profundo de nuestra alma y nos permite darle sentido a nuestro camino, a nuestras acciones, porque recorrer el camino que hemos elegido tiene sentido para nosotros y eso es más que suficiente.

Kairos es el dios joven y veleidoso, el que no exige nada, porque simplemente es la oportunidad que pasa por un segundo a nuestro lado y si no la hemos visto y no la hemos aprovechado, ese instante preciso, desaparecerá posiblemente sin volver a presentarse. Es ese pequeño momento en el que la ocasión se presenta y si la abrazamos, nos catapulta al futuro que soñamos o a un momento completamente inesperado.

Los tres son importantes, los tres juegan un papel crucial en nuestras vidas y es necesario atenderlos a todos por igual. Darle balance a nuestra vida significa no correr al ritmo que nos marca Cronos, escuchar lo que nos susurra Aión y estar siempre atentos a la presencia de Kairos.

Foto: Google Foto: Google

 

La importancia del descanso.

Para una vida mejor.

En un momento como el que vivimos, el concepto de “descanso” puede sonar lejano para muchos.

Estamos conectados todo el día a las computadoras y los dispositivos, ¡trabajamos en línea el doble de lo que normalmente lo hacemos! y los comentarios recurrentes que escucho son: “estoy agotado” “trabajo más que nunca” “No puedo desconectar, me llaman a toda hora”

Es cierto, estar al alcance de un click hace que todo sea hasta cierto punto diferente. Sin embargo hay algo que no podemos hacer a un lado: descansar.

No solamente es importante. Es necesario para la salud.

Y por supuesto, te ayuda a elevar la productividad

Así que si te sientes muy cansado, revisa cómo estás distribuyendo el tiempo, cuántas horas estás durmiendo, cuántas estás conectado y encuentra un equilibrio. Te sentirás mejor y rendirás más en todo lo que tienes que hacer.

Foto: Pixabay. Baby and Dad
Foto: Pixabay. Baby and Dad

#SM #SumaDeTalentos #mayo2020 #descanso #amor

La importancia del ahora.

Pase lo que pase.

En medio de esta contingencia global, una de las frases que escucho últimamente y de forma constante es “Cuando todo esto termine”

Me queda claro que en parte, es uno de nuestros mecanismos de defensa, por lo sorpresiva y abrumadora que es la situación y entiendo también, que es nuestra esperanza la que habla, volando mental y emocionalmente por encima de este panorama, buscando sentir paz, vislumbrando un mañana sin el estrés que estamos viviendo.

Sin embargo, esta maravillosa capacidad que tenemos de adaptación, me parece que puede ser engañosa o poco útil, para aprender las lecciones importantes de la vida y esta pandemia es una de ellas.

Si nos “desconectamos” del hoy y lo vivimos pensando en “cuando todo esto termine”, entonces no hemos aprendido absolutamente nada. Lo único que hicimos fue cambiar de escenario, adaptarnos al nuevo y dejar de apreciar lo que tenemos.

Si miramos hacia atrás, antes de esta emergencia sanitaria y de tener que estar en casa resguardados, la dinámica mental era la misma:

“Cuando termine este proyecto, cuando ahorre lo suficiente, cuando tenga tiempo suficiente, cuando sean las vacaciones…”

Vivimos con la mente, el corazón y las emociones en el futuro, mientras nuestro cuerpo está en el presente.

Es importante valorar el hoy / ahora, porque – en el remoto caso de que no nos hayamos dado cuenta- alrededor del mundo entero hay miles de muertos que ya no lo tienen. Miles de familias que quisieran estar encerrados en sus casas con ellos, trabajando vía remota, oyendo las mismas historias y jugando los mismos juegos, pero juntos.

¿Qué es lo que necesitamos para entender que lo único que tenemos es este instante?

¿Qué más nos hace falta?

Porque -como me dijo hace unos días mi jefe y amigo a quien respeto mucho- si no aprendemos de esto, ya no aprendimos de nada.

Así que pensar en el futuro es bueno. Planificar es bueno, pero por momentos. Con la conciencia de que esos planes son frágiles mientras no estemos empezando a ejecutarlos, porque todo puede cambiar en un instante y no necesariamente para mal. La actitud positiva ante los retos, hace que podamos enfrentarlos con mayor facilidad.

Lo que tenemos es este momento, este instante. El desayuno caliente, una casa, trabajo vía remota, un celular, luz, agua, sol, aire, amor, pareja, familia, amigos, ganas de regresar a la vida offline, ganas de abrazarnos y reunirnos, ilusiones y sueños. Hoy.

El mañana es una esperanza que se construye hoy.

Reflexiones

En medio de la pandemia COVID-19.

Me resulta imposible no hacer un resumen de lo vivido hasta el momento, para tener de dónde partir.

Trato de ubicar en mi memoria el momento exacto en el que las noticias sobre este virus empezaron a fluir y no lo encuentro.

Es decir, igual que todos los seres humanos, mis recuerdos de esto, empiezan a partir del momento en que la situación -por una o por otra razón- me impacta directamente.

Eso es normal. Nuestra memoria se va anclando en las situaciones que nos resultan relevantes, aunque almacenemos en segundo plano el resto de la información.

El punto es que para mí, todo esto comienza en la semana del 9 de marzo, con warnings por parte de mi jefe en la universidad respecto a que era probable que tuviéramos que migrar a clases en línea un par de semanas antes de las vacaciones obligadas. Así que la planeación empezó a todo vapor y justo a tiempo, porque ni siquiera regresamos a salón de clases después del puente del 16 de marzo. Era obvio, dadas las circunstancias y sin embargo, uno aprende con los años que siempre tienes que estar preparado para todo.

Esos flashes de ajuste previos a la semana del 16 me motivaron a empezar paralela la planeación con el team leader de la agencia en la que soy marketing scrum master. El mismo 16 de marzo, mientras él estaba de regreso del puente por carretera, empezamos a hacer ajustes y en la noche revisamos el plan de trabajo.

Ya no salí de casa. El martes 17 mi junta con los teams de la agencia ya fue virtual y ellos fueron apenas un par de horas a la agencia por lo que necesitaban para trabajar vía remota.

Esa primera semana fue muy intensa. No paramos de trabajar un minuto!! E incluso muchos comimos rápido para volver a conectarnos. Pienso que en parte, era la novedad de la situación y la facilidad de la conexión, pero si profundizo, ahora pienso que también nos movió un poco el miedo. El cambio fue brusco, una innovación total y cada uno sabíamos que teníamos que reaccionar de acuerdo a lo que se esperaba de nosotros a nivel profesional. Evidentemente en términos personales, también nos exigimos mucho.

Sin embargo al hacer el review de nuestra primera semana haciendo home office, las recomendaciones que le hice a los teams fueron:

Disciplina. Marcar tiempos específicos para trabajar, para comer y para desconectar.

Nuestro ecosistema había cambiado ya por completo para ese momento y a partir de ello, necesitamos mantener un equilibrio físico y mental. Podernos conectar, no significa tener que hacerlo.

Así llegamos a la semana dos. Viendo nuevas noticias de salud cada día, algunas poco alentadoras y otras optimistas. El trabajo ha cambiado de escenario y sin embargo seguimos en un ritmo muy productivo.

Las lecciones que rescato de mis círculos cercanos son -supongo- muy similares al resto del mundo:

Hemos aprendido a parar cuando es necesario.

Hemos regresado a lo esencial, a lo verdaderamente importante: al amor, a la fraternidad, a la cooperación. Nada de poses, nada de superficialidades.

Hemos hecho conciencia que lo único que en verdad necesitamos es salud. El resto, se consigue paso a paso.

Le estamos dando el verdadero valor a la tecnología. Es una herramienta maravillosa que nos permite continuar de la mejor manera con nuestra cotidianidad. Pero no se compara en absoluto con el poder -y la necesidad- de un abrazo. El contacto humano es parte vital de nuestra supervivencia, aunque temporalmente debamos evitarlo.

Esta cuarentena nos ha permitido establecer prioridades. Para todos son distintas, pero igual las estamos dejando claras.

Este cambio nos ha obligado como humanidad a hacer un switch de pensamiento: quienes no habían querido actualizarse en términos tecnológicos, se han visto obligados a hacerlo, quienes estaban posponiendo dar el salto a abrirle la puerta a la educación en línea, han tenido que hacerlo, quienes habían pospuesto esa charla consigo mismos por falta de tiempo, ya se han puesto al día, quienes pensaban que todo lo digital era lo único valioso, han descubierto que la vida real es offline…

Esta pandemia es una lección enorme para todos. Cada uno tenemos muchas cosas que aprender, otras que reforzar y muchas más que poner en práctica todos los días.

En términos de salud e investigación, desconozco cuándo y cómo vaya a terminar este capítulo y sin embargo no deja de asombrarme que en pleno siglo XXI con todo lo que sabemos, nadie haya descubierto todavía una vacuna…

En términos espirituales, estoy convencida que la lección será tan extensa como sea necesario para la humanidad.

Somos muchos estudiantes en todo el planeta y mientras cada uno no haga sus propias reflexiones y descubra sus áreas de oportunidad para cambiar y mejorar, será necesario que sigamos encerrados en este salón de clases: COVID-19.

Educación, responsabilidad y sentido común.

Claves de la supervivencia.

Estamos viviendo momentos importantes como género humano. Nos estamos enfrentando al desgaste que le hemos provocado a la flora y a la fauna por cientos de años, al desgaste emocional por ritmos de trabajo muy similares a la época de la esclavitud, pero ahora en lugar de grilletes nos agota la hiperconectividad y recientemente se ha sumado el COVID-19.

He visto interactuar a tres generaciones diferentes con este tema del COVID-19 y todas coinciden en estos puntos: educación, responsabilidad y sentido común.

Nada de pánico, nada de locuras por temores infundados, nada de exageraciones. Estos pilares son los que verdaderamente nos pueden ayudar a pasar mejor esta prueba autoimpuesta como género humano.

Lavarse las manos constantemente es una regla básica de higiene antes de comer y antes y después de ir al baño. Por precaución, porque nunca sabes lo que has tocado y te puedes enfermar. ¡Eso lo aprendes desde pequeño! Así que sumar unos minutos más de lavado de manos no debería ser un problema. Claro, a menos que no sea una práctica regular que lleves a cabo.

Cubrirte la boca al estornudar o toser es otra regla básica de educación. Hacerlo en la parte interior del brazo es una cuestión de responsabilidad y eso también se aprende.

Si estás enfermo de gripa (olvidemos por un momento el COVID-19) lo responsable es no ir al trabajo o a la escuela. De hecho también es un tema de sentido común, porque puede derivar en algo peor o puedes contagiar a tus compañeros. Pocas personas tienen esa conciencia y ese nivel de responsabilidad. Piensan en ellos, en que si no van, los van a regañar, les van a descontar, a poner falta, etc. pero si contagian a los demás, eventualmente se va a perder mucho más. Ya no hay tiempo de eso, si te sientes mal te aíslas 14 días y punto.

Las compras de pánico -me parece- que reflejan una total ausencia de sentido común. Comprar un poco más de lo habitual está bien, es precaución, pero dejar vacíos los estantes sin pensar en tu comunidad es irresponsable. Todos tenemos derecho a la prevención de la seguridad de nuestras familias. ¿Qué te hace mejor que el resto de las personas para acaparar productos? ¿Qué te da derecho a pensar solamente en ti? Este planeta nos pertenece a todos, recuerda eso.

Pienso que si actuamos con responsabilidad y sentido común, será mucho más fácil pasar esta prueba. Si no tienes que salir a la calle, quédate en casa, menos gente conviviendo es mejor por el momento.

¿Lo positivo que rescato de la situación? Mayor conciencia de la fragilidad de la salud y de la importancia de la educación, familias más unidas conviviendo -quieran o no- por más tiempo porque están juntos en casa, menos gastos inútiles porque no van a salir a distraerse para dejar pensar y un repunte en el sentido común.

Hemos salido de muchas situaciones y esta no será la excepción. Solamente hay que elevar los estándares de higiene, ser responsables y no entrar en pánico.

Pronto estaremos hablando de esto en pasado, como una referencia de algo que vivimos. Mientras tanto, seamos responsables por nuestras familias y por toda la humanidad. La vida es igual de valiosa para todos.