El desarrollo profesional.

Es responsabilidad de cada uno.

Foto: Pinterest
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Lo primero es que nos pongamos de acuerdo en estos conceptos:

Cuando hablo de desarrollo profesional, me refiero a todo lo que sea útil para el crecimiento de un individuo en su profesión. Esto puede ser aprender un nuevo idioma, certificarse en algo, aprender algo de un área con la que colabora normalmente, a utilizar una nueva herramienta digital o incluso a manejar un nuevo tipo de transporte o de maquinaria. Todo depende a lo que cada uno nos dediquemos.

Y cuando hablo de responsabilidad, me gustaría que sea desde esta perspectiva positiva: “Capacidad de responder” porque lamentablemente, esta palabra es para muchas personas un peso enorme en su vida.

Puestos los conceptos sobre la mesa, pasemos a la acción.

Creo firmemente que el desarrollo profesional es responsabilidad de cada uno.

Si formas parte de una empresa y se ocupan por brindarte cursos o talleres para capacitarte o para actualizarte, es algo estupendo. Pero si eso no sucede, de ti depende seguir estudiando, aprendiendo y desarrollándote. Porque -en caso de que no te hayas dado cuenta- TÚ eres tu activo más importante.

Ahora bien, si eres emprendedor o freelance, con mayor razón eres responsable de tu desarrollo profesional, porque el barco que diriges es tuyo.

No, no estoy hablando de que inviertas miles de pesos en cursos extra, maestrías o certificaciones.  Si tienes las ganas de hacerlo y el capital para ello, genial. Si no es así, no pasa nada, siempre hay alternativas.

Y tampoco se trata de que sacrifiques tus horas de descanso estudiando como un loco. La vida es equilibrio. Recuérdalo.

Se trata de que estés consciente que nadie se puede actualizar por ti, que nadie puede saber lo que te hace falta aprender, porque el que está en la cancha eres tú.

Lo que para mí es vital en términos de formación profesional, posiblemente para ti sea algo irrelevante. Está bien. Somos individuos y aunque pudiéramos compartir profesión, nuestras áreas de desarrollo son distintas y por lo tanto nuestras necesidades también.

Busca alternativas en línea, compra libros, pide asesorías, ve a talleres… Haz lo que tengas que hacer, pero no te detengas. Eres el responsable de tu vida, de tu carrera, ¿por qué no dedicarle unos minutos a algo que te puede reportar ventajas o ganancias a mediano plazo?

Ya sea que se trate de mejorar lo que sabes o de empezar desde ceros, siempre hay alternativas para ello.

No esperes a que “alguien” más haga algo por ti. Piénsalo, ¿quién sería ese alguien? ¿por qué tendría que hacerlo? ¿a quién podría interesarle más que a ti que evoluciones?

Todo se puede compartir: los éxitos, los fracasos, las noches en vela, los festejos, las preocupaciones… Y sin embargo, el único que puede decidir qué hacer con su desarrollo profesional eres tú. Quien tiene esa responsabilidad eres tú y créeme, vale la pena asumirla.

Lo que nadie te dice sobre ser freelance.

Vencer el miedo.

A equivocarte. A no servir para estar tú solo trabajando por tu cuenta. A que tú y los tuyos se mueran de hambre por tus “ocurrencias” de ser independiente. A darte cuenta que eres mejor bajo la sombra de una empresa que tú solo.

¿El miedo más grande? A darte cuenta que es mucho más fácil soñar y quejarte porque “las cosas no suceden” que luchar cada mañana por hacer realidad ese sueño.

Cuando sientes miedo y eso te impulsa, te da fuerzas y te provoca mariposas en el estómago, entonces no hay nada que te detenga.

Pero cuando el miedo te paraliza… cuando sudas frío porque es aterrador pensar en el día de mañana… entonces estás en problemas.

Hay personas que nos crecemos ante los retos de forma natural. Los diluimos, los vemos como algo que simplemente hay que vivir para llegar al objetivo que nos hemos fijado. No importa si nos cuesta mucho trabajo, si eso significa pasar horas y horas planeando y ejecutando. El sueño tiene nombre, tiene forma y cuando cerramos los ojos es tan claro que literalmente lo vivimos y lo disfrutamos.

No todos somos iguales. He visto personas con grandes sueños preferir la zona de confort porque les genera menos estrés, porque es algo que dominan, donde se mueven sin problemas y los deja dormir bien. Nada de retos, nada de emociones fuertes… Nada que les exija más de lo que ya han dado. Su sistema nervioso no lo resiste.

Lo entiendo a la perfección. Así que es importante darnos cuenta de qué estamos hechos antes de lanzarnos a ser freelancers.

Si lo tuyo son los retos y los ves con buena cara. Si la adrenalina o la emoción de hacer tu sueño realidad te motiva a levantarte temprano y buscar clientes o desarrollar proyectos. Ser freelance te va bien.

Pero si la idea de no tener asegurada tu quincena te tortura y prefieres pasar tus días en la misma oficina por años, entonces mejor no lo intentes. Te puedes desgastar emocionalmente de una forma indescriptible.

El miedo a veces es aterrador al punto de las lágrimas. Pero pasa. Se disipa cuando te llaman para pedirte algo, cuando te llega un correo solicitando que emitas tu recibo para que te paguen o cuando te solicitan una junta de trabajo.

Si pudiera decir que el miedo desaparece, lo haría. Pero no es verdad. Jamás desaparece. Siempre va caminando a tu lado, como un compañero fiel cuyo trabajo es impulsarte a seguir ese sueño o dejarte paralizado en la primera esquina. Eso es algo que solamente tú decides.

Sueños
Sueños

Imagen: Suma de Talentos

Lo que nadie te dice sobre ser freelance.

Contabilidad.

Yo sé… el concepto nada más de pensarlo ya da dolor de cabeza.  Así que sugiero que te tomes una pastilla para el dolor y empieces a entender los conceptos básicos. Tus ingresos dependen de ello.

Si puedes pagar los servicios de un contador está perfecto. Pero que eso no sea pretexto para no saber cómo se hacen las cosas y darle seguimiento a todo lo que haga tu contador. Y si no te queda claro algo, que te lo explique, eso forma parte de su trabajo.

Si no puedes pagar uno, sugiero que saques una cita en el SAT que te corresponde y empieces a aprender paso a paso lo que debes hacer. El servicio es gratuito y en general los contadores que te atienden ahí son muy gentiles y pacientes.

No es nada sencillo llevar tu propia contabilidad, pero cuando ya has pasado por el trago amargo de pagarle a alguien que lejos de ayudarte te metió en problemas, siempre es mejor estar al frente de la situación.

Pregunta, investiga, acércate a tus colegas que llevan sus números y cuando menos te des cuenta, estarás llevando tu bitácora, tus pagos y tus ingresos.

No tienes que ser un experto, no te angusties, pero no eches en saco roto este tema. Entre más pronto empieces a entender lo que significa emitir un CFDI sellado con tu Firma Electrónica y hacer un recibo complementario, mejor.

Tú dependes de tus recibos de honorarios, así que lo último que te puedes permitir es no poderlos emitir. Sin eso no te pagan y si no cobras, no puedes subsistir. Así que creo que este es un tema relevante ¿no te parece?

Imagen: Google

Contabilidad
Contabilidad

Lo que nadie te dice sobre ser freelance.

Automotivación.

Esta es una de las partes más difíciles… porque nadie nos enseña a automotivarnos.

Necesitas estar muy consciente que TODO depende de ti y que es necesario que reconozcas siempre lo que hiciste bien durante el día, para que en el momento de evaluar lo que es mejorable, no te sientas mal.

Ese es un punto importante: la forma en la que te hablas y lo que te dices. Observa la forma en la que lo haces.

No es lo mismo decirte al final de un día muy muy pesado, de esos que de verdad tenemos a puños los freelancers:

“Bueno, los logros del día es que se pagaron todos los servicios, se presentó la contabilidad y quedó un mini extra para mí”

A decirte:

“¡Vaya! ¡Por lo menos pagué lo mínimo indispensable! ¡Sería el colmo que ni para eso me alcanzara! Y lo que quedó no sirve ni para chicles caray…”

No me malinterpretes, no se trata de reconocer TODO lo que pasa y darte palmaditas en la espalda a cada paso, pero para lo mejorable, el diálogo puede ser positivo también:

“¿Qué puedo mejorar para la próxima vez que un cliente me ponga tantas trabas con la cotización? ¿La forma de presentarla? ¿Los rubros que utilicé? Piensa… recuerda toda la junta, en qué preciso momento fue que se cayó el negocio…”

Y entonces haces un análisis objetivo de lo que pasó y de lo que puedes mejorar. No ocupas el tiempo en insultarte y descalificarte.

Eres tu mejor amigo, eres tu socio, el único que libra las batallas más amargas en medio de la noche, cuando no sabes si lo mejor es tirar la toalla y regresar corriendo a buscar una empresa que te cobije y haga todo por ti. Por lo menos que ese co equipero mental que tienes, que sea útil y positivo. Para agresiones está el mundo exterior, la competitividad, el exceso de oferta y la astucia -algo indispensable- para destacarte entre los demás.

Automotivarse también significa saber cuándo parar. En qué momento es abrumadora la presión de la búsqueda de clientes y el análisis del mínimo de proyectos ejecutados. Es en ese momento, después de semanas y semanas de arduo trabajo, de tocar puertas y de buscar nuevos proyectos que te puede hacer bien parar un momento.

Pero dije un mo-men-to. Un par de horas para ir al cine o a dar la vuelta al museo. Tomarte un café con algún amigo o vagar por el zócalo. UN PAR DE HORAS. No todo el día. Es una pausa, no un día de fiesta. Lo que estarás haciendo es recargar baterías, no tomarte el día.

Y ojo, esto es importante que lo hagas después de semanas y semanas de esfuerzo. No una vez a la semana porque no sabes hacia dónde vas y necesitas distraerte de la presión de no saber qué hacer.

La única forma que yo conozco de encontrar trabajo/proyectos es trabajando. Seguramente hay muchas otras que yo ignoro y la idea de posibilidades infinitas para lograrlo me encanta. Simplemente que yo encuentro proyectos trabajando. Nunca me ha caído uno del cielo en medio de un día de relax a mitad de semana.

Así que mi motor es la automotivación. Recordarme lo que sé hacer en los momentos más oscuros. Hacer una lista de lo que hice bien en el día y fijar objetivos claros para el día siguiente. Cosas que pueda lograr para no caer en una espiral de depresión y que además me permitan sentir que estoy dando pasos al frente y no hacia atrás.

Cosas tan simples como hacer llamadas de seguimiento, enviar dos o tres presentaciones y hacer una nueva lista de prospectos es muy motivacional. Abre el panorama y permite que se te ocurran nuevas ideas. De pronto los puntos conectan, un posible cliente te lleva a recordar a alguien que conoces de la prepa y que tiene un negocio… y se va resolviendo.

Da un paso a la vez.

Ser freelance es increíble por la libertad de tiempo que tienes, pero el esfuerzo que exige es un precio que no muchos están dispuestos a pagar. Lo importante es que si a ti te gusta la posibilidad, tienes recorrida la cuarta parte del camino.

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