Establece tu prioridad.

Después, actúa en consecuencia.

 

Foto:Pixabay
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En un mundo frenético, donde «todo urge» y «todo es prioridad» es muy fácil que te pasen dos cosas:

  1. Que invariablemente sientas que no cumples con todo lo que tienes que hacer.
  2. Que te sientas profundamente cansado de correr y no llegar a la meta.

Así que lo mejor que puedes hacer por ti y por todos lo que te rodean (colaboradores, pareja, amigos y familia) es que empieces estableciendo tu prioridad del día y después, te dediques a hacer que eso suceda.

Leíste bien: prioridad, en singular.

Social y laboralmente estamos tan mal acostumbrados a tener «muchas prioridades» que por lo tanto, no ejecutamos ninguna cabalmente.

Es lógico, no puedes hacer muchas cosas a la vez  (el multitasking es un mito del que hablaremos en otro momento) y eso significa que al cerrar el día no hayas hecho nada de todo lo que esperabas y que te sientas abrumado, cansado y frustrado.

La prioridad que estableces permea todo lo que haces y bajo ese panorama, las decisiones que tomes son correctas.

Imaginemos que estás exhausto de trabajar incansablemente sin detenerte, que llevas meses sin parar por varias razones, pero esta mañana has despertado mal, con dolor de cabeza y «sintiéndote enfermo» aunque no te duele algo en particular. (Eso, se llama agotamiento y provoca muchos problemas si no le pones atención)

Así que esta mañana decides que la prioridad eres tú y con base en ello tomas todas las decisiones pertinentes, empezando por avisarle a tu jefe, a tu equipo y a los clientes de la agenda que no estás bien y que vas a reagendar todo para los días siguientes. Desayunas con calma, te bañas con calma y vuelves a la cama un rato. Si te apetece, te duermes un rato y si no, lees un poco o simplemente te acuestas a des-can-sar.

Nada de reuniones, nada de celular, ni correos… Nada de trabajo. Hoy has decidido darte lo que te has negado por tanto tiempo: descanso. La oportunidad de recuperarte para poder hacerlo mucho mejor mañana.

No te sorprendas, eso es exactamente lo que le dirías a tu mejor amig@ que haga y lo que le pedirías a tu pareja, porque se ve que está agotad@ y si no se detiene, se puede enfermar. Así que no estamos hablando de flojera, estamos hablando de priorizar y de ser consciente.

En este escenario, es muy probable que después de un día de descanso, te sientas mucho mejor para desarrollar todos los pendientes que tienes y seas más productivo.

¿Se acabó el mundo? No

¿Los clientes, tu jefe y tu equipo entraron en caos total sin ti? No

¿Se lograron resolver varias cosas sin ti? Sí

¿Se pueden reagendar las reuniones de hoy? Sí

No pasa nada que no se pueda arreglar si descansas un poco. En cambio, si no te detienes y colapsas, todo lo que tienes entre manos sí se va a ver afectado por una razón muy sencilla: vas a tener que detenerte más de 24 horas.

En cuanto a establecer tu prioridad del día a nivel profesional, pasa lo mismo. Pregúntate qué es lo más importante para hoy:

¿Prospectar clientes? ¿Hacer reportes? ¿Ocuparte de la contabilidad? ¿Revisar resultados del equipo? ¿Preparar propuestas?

Tener clara la prioridad del día te permitirá dedicarle más tiempo a esa actividad específica y dejar para después el resto.

Recuerda esto: Roma no se hizo en un día 😉

Una prioridad al día. Un paso a la vez. Un día a la vez.

#SM #prioridad #SumaDeTalentos #Kaizen

 

La importancia

De la actualización.

Cuando llevamos mucho tiempo desempeñando el mismo trabajo, se nos olvida que todo es mejorable, que siempre hay alguien que encuentra nuevas estrategias o caminos menos transitados para obtener los resultados que se buscan.

Esta nueva visión, puede llevar a los equipos de trabajo -y por ende a las empresas- a superar sus expectativas de productividad y desarrollo. Evolucionar desde dentro y fortalecerse mucho más de lo que imaginan.

Por eso es tan importante que le demos una oportunidad a la actualización personal y profesional, porque esto redundará en los sistemas de trabajo. Cuando escuchamos a los individuos con visiones distintas a las institucionales y evaluamos la posibilidad de adoptar y adaptar algunas de esas ideas, estamos cambiando.

Para muchos, el cambio asusta. Representa un retraso en el sistema, una pérdida de tiempo al tratar de «arreglar» algo que hasta ahora ha funcionado bien.

Para otros, es una oportunidad de encontrar nuevos caminos, de generar más en menos tiempo, de aprovechar más los recursos humanos y materiales y que todos los involucrados se sientan mejor -y se redescubran- en el proceso.

Para mí, la actualización es un juego de Ganar-Ganar todo el tiempo.

Refresca mi visión de las cosas, me abre nuevas posibilidades de acción, me acerca a personas que me ayudan a crecer personal y profesionalmente y sobre todo: Me reta a mí misma.

Exige que me sacuda las ideas ancladas con las que he trabajado durante cierto cierto tiempo y me mantiene en forma mentalmente.

La única constante en la vida es el cambio y hay dos caminos claros frente a nosotros:

Actualizarnos o quedarnos varados en el camino.

Y tú, ¿cómo ves tu futuro a corto y mediano plazo?

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