Lo que nadie te dice…

Sobre ser freelance.

La vida laboral tiene altas y bajas. Ya sea que formes parte de una empresa y te toque salir en el recorte de personal,  que seas parte de la industria creativa y la cuenta a la que perteneces cambie de agencia o que de plano tires la toalla porque eso «no es lo tuyo» el resultado es el mismo: te quedas sin trabajo.

La reacción de algun@s es empezar inmediatamente a buscar algo nuevo en otra empresa. Otr@s, se toman un tiempo para encontrarse a sí mism@s y decidir qué van a hacer con su vida y un@s más se plantean la posibilidad de trabajar por su cuenta.

Yo formo parte del tercer tipo de personas.

Me encantaría decir que es un proceso fácil, literalmente miel sobre hojuelas. La verdad es que no. Y pensando en tod@s aquellos que por una u otra razón están comenzando en el mundo del freelanceo, nace este primer post de la serie que tengo prevista.

Comencemos -como en tantas cosas en la vida- por lo general hasta que lleguemos a lo particular.

DISCIPLINA

Una de las características principales que se necesitan para ser freelance es DISCIPLINA. Así, en altas y en bold.

Sin disciplina es IMPOSIBLE avanzar en un mercado donde hay muchísima oferta y la diferencia de costos es abrumadora para quien ofrece sus servicios y para quien los requiere. Pero de esto hablaremos después.

Cuando hablo de disciplina me refiero a levantarte temprano, «como si fueras a la oficina» y ponerte a trabajar. Nada de ver Netflix un rato en lo que se te ocurre por dónde empezar.

Haz una lista de los pendientes de tu día y si es tu primer día como freelance, me parece que tu lista puede incluir: decidir qué tipo de servicios vas a ofrecer.

Ser freelance es un trabajo de tiempo completo. Requiere mandar correos ofreciendo tus servicios, dar seguimiento a los correos que ya enviaste, hacer llamadas a tus amigos y/o conocidos para saber en qué están y pensar cómo te puedes insertar en sus proyectos con lo que tú sabes hacer, desarrollar una presentación de tus servicios para hacérsela llegar a clientes potenciales y desarrollar muchas -muchísimas- propuestas para el tipo de clientes que te interesa tener. Sacos a su medida, para que te den la oportunidad de empezar a trabajar con ellos.

Disciplina también es auto motivación 24x7x365 porque no hay jefes que te digan «bien hecho», te lo tienes que decir tú cuando lo has hecho bien para sentir que avanzaste un poco.

Es llamar a la hora que dijiste que lo harías sin pretexto y ser hiper puntual en tus entregas. Te estás jugando tu reputación, no hay empresa que te respalde ni a quien el cliente le pueda «echar la culpa». El nombre que va a quedar por todo lo alto o en los suelos, es el tuyo.

Y disciplina es también encontrar un ritmo de trabajo que se adapte a tu personalidad. ¡Para eso eres el jefe! Si lo tuyo es la redacción y lo haces mejor en las noches, hazlo. Pero igual te vas a tener que levantar temprano a revisar correos y hacer otras cosas, si puedes con eso está perfecto. Si lo vas a usar de pretexto para quedarte en la cama, no sirve.

Ser freelance es ser independiente de un sistema externo para crear tu propio sistema. Puede ser una bendición o una maldición, eso, depende de ti.

Imagen: Google 

Empatía.

Imprescindible en el siglo XXI.

Hace unas horas recibí un mail informándome que necesito repetir un trámite que me va a costar cierta cantidad de dinero por cuestiones de mensajería e impresiones, sin contar con el tiempo que me va a tomar ocuparme de ello.

Me molesté muchísimo.

Especialmente porque no fue un error mío, fue error de la institución que lo está realizando.

Independientemente de responder el correo externando mi molestia, me quedé pensando en el desafortunado número de ocasiones que alguien se enfrenta a una situación similar y «a nadie le importa». Está mal. No debería ser así.

Vamos a olvidarnos por un breve momento de la percepción que se tiene de la institución, del concepto que las personas generan sobre el servicio a cliente que presta dicha institución y del impacto negativo que se produce en términos de imagen corporativa. Estos tres elementos, son muy graves, porque a corto plazo no son tangibles, pero a mediano y largo plazo son devastadores. Sin embargo, no los tomemos en cuenta en este momento. ¿Qué es lo que nos queda entonces? La parte humana.

Con una total ausencia de empatía esta persona me escribe un par de líneas diciéndome que debo repetir el trámite porque hubo un error y cierra «agradeciendo mi comprensión».

Es decir, a esta persona le importa un pepino lo que repetir esto significa para mí, simplemente da instrucciones y espera resultados… Cero empatía. Cero entendimiento de la importancia del trámite para mí, cero comprensión de lo que este retraso signifique o de la frustración que yo pueda sentir.

Justo así, es como no se hace el trabajo. No importa a lo que te dediques. Así es como no se hacen las cosas.

Si queremos que nuestro trabajo rinda frutos, me parece que necesitamos comenzar por darnos cuenta que todos somos prestadores de servicios. Todos atendemos a clientes todo el tiempo. No importa si eres recepcionista, conductor de Uber, enfermera, asistente, empleado… todos damos servicio. Todos tenemos clientes a los que debemos cuidar si es que nos interesa conservar nuestro trabajo y parte de ello significa ser empáticos y entender sus emociones y sus necesidades.

El servicio a cliente sigue siendo percibido como «algo externo» como «un departamento» que se ocupa de las quejas de los clientes o de darle seguimiento a sus solicitudes. Pero ¿y qué pasa con la calidad humana? ¿Eso también es un área externa en nuestra vida?

Mientras no nos demos cuenta que todos somos clientes y prestadores de servicios, pero sobre todo: seres humanos, nuestro crecimiento personal y profesional estarán estancados.

Dejar de mirar «hacia afuera» y comenzar a ver «hacia adentro», preguntándonos qué podemos hacer para  mejorar la relación con quienes nos rodean y por ende con nuestros clientes, sin duda es el mejor camino para la efectividad, para una buena imagen corporativa y sobre todo para una relación cálida con nuestros semejantes.

 

Imagen: Google

 

The Ultimate Guide To Agile Marketing In Display Ads

⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️

Formato: Digital

En 2012 tuve la oportunidad de leer este libro y recientemente hice una segunda lectura. Me impresionó la vigencia que tiene a pesar de haber transcurrido ya 6 años.

La premisa básica es un análisis de la diferencia entre el marketing tradicional y el agile marketing. Resulta interesante, ya que esa es justo la tendencia con la que estamos trabajando actualmente en marketing.

Estábamos acostumbrados a planear a corto, mediano y largo plazo. Ejecutábamos hacíamos post test una vez que la campaña había concluido. Hace tiempo que eso se terminó. Estamos en un momento de planear a corto plazo, ejecutar, medir y replantear.

Es un libro recomendable para quien quiera empezar a familiarizarse con el concepto y replantearse la forma en la que está ejecutando sus campañas de comunicación.