Para ser más fuerte cada día.

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No importa si se trata de temas profesionales o personales. El miedo forma parte de nuestro día a día y es muy útil cuando estamos en situaciones de riesgo físico.
Pero cuando se trata de temas laborales o emocionales, el miedo puede ser un obstáculo que nos priva de vivir cosas nuevas que nos pueden ayudar a crecer.

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Este grupo de cuatro conciertos para violín y orquesta fueron publicados en 1725 y cada uno está dedicado a una estación del año: primavera, verano, otoño e invierno, mostrando el ciclo de la naturaleza, de los hombres que trabajan la tierra y de los animales.
Vivaldi también escribió cuatro sonetos, uno de cada estación.
Algunos refieren que fueron posteriores a la obra musical y otros que fue en esos sonetos en los que se basó para “traducirlos” a la música.
Sin embargo, todos coinciden en que leer estos sonetos, mientras se disfruta de cada uno de estos conciertos, es muy importante para visualizar lo que el artista sentía y pensaba en ese momento.
La primavera, siguiendo lo representado en el soneto, imita el canto de los pájaros y el temporal; y el afán descriptivo llega incluso a detalles cómo representar a través del violín solista al pastor que duerme, mientras el resto de los violines imitan el murmullo de las plantas y la viola los ladridos del perro.
El verano describe primero el sopor de la naturaleza bajo la aridez del sol y después una tormenta, ya anunciada en el primer movimiento y que alcanza el máximo de su violencia en la parte final. El otoño parece presidido por el dios Baco; el compositor presenta la embriaguez soporífera de un aldeano, feliz por la cosecha; luego, al alba, parte el cazador con sus cuernos y sus perros en busca de una presa. En el invierno predominan las imágenes sonoras de la nieve y el hielo.
Biografías y Vidas
He aquí dichos sonetos:
http://www.musicaantigua.com/he-aqui-los-sonetos-que-vivaldi-escribio-para-las-cuatro-estaciones/
Escuchar esta obra maestra aún sin haber leído los sonetos, permite visualizar la naturaleza y adentrarse en un espacio tan rico como lo es el interior de cada individuo.
La obra de Vivaldi es maravillosa y para algunos, ha sido el inicio de una larga y agradable relación con la música clásica: un alimento para el alma que siempre viene bien, como un bálsamo que nos recuerda que la vida es mágica, pase lo que pase.

En medio de esta contingencia global, una de las frases que escucho últimamente y de forma constante es “Cuando todo esto termine”
Me queda claro que en parte, es uno de nuestros mecanismos de defensa, por lo sorpresiva y abrumadora que es la situación y entiendo también, que es nuestra esperanza la que habla, volando mental y emocionalmente por encima de este panorama, buscando sentir paz, vislumbrando un mañana sin el estrés que estamos viviendo.
Sin embargo, esta maravillosa capacidad que tenemos de adaptación, me parece que puede ser engañosa o poco útil, para aprender las lecciones importantes de la vida y esta pandemia es una de ellas.
Si nos “desconectamos” del hoy y lo vivimos pensando en “cuando todo esto termine”, entonces no hemos aprendido absolutamente nada. Lo único que hicimos fue cambiar de escenario, adaptarnos al nuevo y dejar de apreciar lo que tenemos.
Si miramos hacia atrás, antes de esta emergencia sanitaria y de tener que estar en casa resguardados, la dinámica mental era la misma:
“Cuando termine este proyecto, cuando ahorre lo suficiente, cuando tenga tiempo suficiente, cuando sean las vacaciones…”
Vivimos con la mente, el corazón y las emociones en el futuro, mientras nuestro cuerpo está en el presente.
Es importante valorar el hoy / ahora, porque – en el remoto caso de que no nos hayamos dado cuenta- alrededor del mundo entero hay miles de muertos que ya no lo tienen. Miles de familias que quisieran estar encerrados en sus casas con ellos, trabajando vía remota, oyendo las mismas historias y jugando los mismos juegos, pero juntos.
¿Qué es lo que necesitamos para entender que lo único que tenemos es este instante?
¿Qué más nos hace falta?
Porque -como me dijo hace unos días mi jefe y amigo a quien respeto mucho- si no aprendemos de esto, ya no aprendimos de nada.
Así que pensar en el futuro es bueno. Planificar es bueno, pero por momentos. Con la conciencia de que esos planes son frágiles mientras no estemos empezando a ejecutarlos, porque todo puede cambiar en un instante y no necesariamente para mal. La actitud positiva ante los retos, hace que podamos enfrentarlos con mayor facilidad.
Lo que tenemos es este momento, este instante. El desayuno caliente, una casa, trabajo vía remota, un celular, luz, agua, sol, aire, amor, pareja, familia, amigos, ganas de regresar a la vida offline, ganas de abrazarnos y reunirnos, ilusiones y sueños. Hoy.
El mañana es una esperanza que se construye hoy.

