¿Qué es lo que quieres?

Imagen: Pixabay

Me parece que culturalmente estamos acostumbrados a pensar en lo que «tenemos que hacer.»

Es algo natural, porque lo aprendimos desde niños: Mamá, papá, tíos, abuelos, maestros, hermanos… Cualquiera que fuera mayor que nosotros, que supiera más que nosotros, podía decirnos lo que teníamos que hacer, lo que era mejor para nosotros.

Así fue como aprendimos a confiar en los demás y en el proceso nos olvidamos de confiar en nosotros mismos.

Crecimos y con el tiempo, con el hábito de confiar primero en las figuras de autoridad que fueron adquiriendo otros rostros: jefes directos, coordinadores, gerentes, directores… -elige el rol que quieras en el contexto, la industria y el organigrama que quieras- terminamos por olvidarnos de nosotros mismos.

Hasta el día en el que «algo» te despierta.

Ese despertar tiene muchas formas de presentarse. Para algunos es una enfermedad. No necesariamente incurable o permanente, aunque desafortunadamente a veces lo es. En otras ocasiones es un despido, el cierre de la empresa, liquidaciones por recorte de presupuesto, una situación familiar… «Algo» que te hace detenerte en medio de la vorágine que te ha rodeado por años y te orilla a preguntarte: ¿Y ahora qué es lo que sigue?

Y a veces -solo a veces- ese es el momento exacto en el que te preguntas: ¿Qué es lo que realmente quiero?

Has llegado al punto en el que ya no te resulta relevante lo que los demás dicen que es bueno para ti, ¡porque lo hiciste todo a su manera! Seguiste las reglas, los consejos, la carrera, la maestría y todos los cursos que te dijeron que debías estudiar para llegar a donde te dijeron que debías llegar.

El punto es, que en este preciso momento tienes la libertad de hacerte esa misma pregunta: ¿Qué es lo que quieres?

Es innecesario esperar a que pase «algo,» a que la vida o las circunstancias «te orillen» a decidir. Puedes hacerlo ahora mismo.

Si te gusta tu trabajo, lo que haces, hacia dónde te lleva tu carrera, ¡qué maravilla!

Si disfrutas levantarte cada día y hacer lo que haces, estás en el camino correcto.

Pero si la respuesta es no me gusta, me pesa, ya no quiero ir a trabajar, me enfermo constantemente, estoy agotado, deprimid@ o cualquier otra cosa que te está haciendo daño, es buen momento para detenerte y preguntarte ¿Qué es lo que quieres? Porque evidentemente eso que estás haciendo, no es lo que quieres.

Tu parte adulta te dirá que suena bonito pero que no puedes renunciar y olvidarte de tus responsabilidades. De acuerdo, no estoy sugiriendo que lo hagas.

Sin embargo, tú sabes que puedes replantearte la vida sin olvidarte de tus responsabilidades.

Imagen: Pixabay

¿Te gusta la música? En lugar del curso «que deberías tomar» para ascender, puedes inscribirte en un curso de música. Te vas a sentir más feliz, vas a sentirte ilusionado de nuevo por algo que es importante para ti y eso se va a reflejar en tu día a día, en tu trabajo y sobre todo: en tu salud.

Tú eres más importante que el ascenso, porque se trata de ti, de tu vida, de tu salud física y emocional.

¡Aprende todo lo que quieras! Crea espacios para desarrollarte mental, espiritual y emocionalmente.

Hacer lo que te gusta, hacer lo que tú quieres, puede ser una vez a la semana, una hora al día o una vez al mes. La frecuencia la irás ajustando tú. Confía en ti, pregúntate a ti mismo qué es lo quieres y las respuestas llegarán más fácil de lo que te imaginas.

Después de todo, ¿quién dice que el desarrollo profesional está supeditado a lo que te dedicas ahora mismo?

La vida tiene muchas puertas y uno nunca sabe, si te dedicas a hacer lo que quieres, ¿te imaginas hasta dónde puedes llegar?

LVM / Asesora de alineación para mejorar la productividad

lia@sumoftalents.com

Un día sin redes…

Y cómo Slack nos permitió seguir trabajando.

La comunicación entre los equipos es la columna vertebral de cualquier industria. Sin importar a lo que te dediques.

El día de ayer (4 octubre 2021) con la caída de WhatsApp, Facebook, Messenger e Instagram, muchos equipos de trabajo sufrieron un impasse importante.

Es cierto, el mundo «no se termina» si no tienes WhatsApp a menos que tengas ahí alojados a todos tus equipos de trabajo en varios grupos. Entonces literalmente, el mundo «apenas empieza a ver la luz» porque hay que encontrar alternativas de comunicación para que todos estén alineados. Muchos «regresaron» a los mails para establecer las reglas del juego del día y otros extendieron sus calls en Zoom para lo mismo.

Afortunadamente esto no es algo que suceda a menudo, pero la pregunta es ¿qué aprendimos de esto?

Cuando trabajo en la alineación de equipos para elevar la productividad, una de mis primeras recomendaciones es:

«Bájalos de WhatsApp. Deja que lo utilicen solamente para temas personales. Vamos a subirlos a una plataforma de trabajo que les brinde la oportunidad de separar las cosas mental y emocionalmente» y regularmente sugiero Slack.

Funciona con canales para que cada equipo tenga su espacio de comunicación, se pueden adjuntar archivos desde Drive o desde la compu, tiene mensajes privados, se le puede dar respuesta a los hilos de conversación, las notificaciones son en tiempo real y tienes a la mano todo lo que puedes necesitar para el seguimiento y la conclusión de un proyecto.

La versión Freemium funciona perfecto para equipos pequeños, con 10 mil mensajes consultables, 10 aplicaciones e integraciones video llamadas individuales y autenticación de dos factores, permite el acceso a las funciones básicas de Slack.

Así que después de lo que viviste con tus equipos y que seguramente resolviste muy bien con mensajes de texto, llamadas, mails y video calls más largas, quizá sea buen momento de buscar una alternativa para coordinar a todos tu equipos y no depender de WhatsApp.

A mí me gusta Slack y ayer nos permitió trabajar ininterrumpidamente, como todos los días.

La importancia del descanso.

Para una vida mejor.

En un momento como el que vivimos, el concepto de «descanso» puede sonar lejano para muchos.

Estamos conectados todo el día a las computadoras y los dispositivos, ¡trabajamos en línea el doble de lo que normalmente lo hacemos! y los comentarios recurrentes que escucho son: «estoy agotado» «trabajo más que nunca» «No puedo desconectar, me llaman a toda hora»

Es cierto, estar al alcance de un click hace que todo sea hasta cierto punto diferente. Sin embargo hay algo que no podemos hacer a un lado: descansar.

No solamente es importante. Es necesario para la salud.

Y por supuesto, te ayuda a elevar la productividad

Así que si te sientes muy cansado, revisa cómo estás distribuyendo el tiempo, cuántas horas estás durmiendo, cuántas estás conectado y encuentra un equilibrio. Te sentirás mejor y rendirás más en todo lo que tienes que hacer.

Foto: Pixabay. Baby and Dad
Foto: Pixabay. Baby and Dad

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